Episodio 344: Conociendo más sobre agricultura orgánica con Monserrat Simón

Conociendo más sobre agricultura orgánica con Monserrat Simón

La conversación gira en torno a la agricultura orgánica, sus fundamentos y su impacto real en el campo. Montserrat Simón explica cómo este enfoque redefine la relación con el suelo, la producción y la salud. Se abordan cambios de mentalidad, prácticas regenerativas y el valor de entender los procesos naturales.

Se expone cómo proyectos como Gaia Orgánicos impulsan soluciones basadas en microbiología del suelo, aprovechamiento de residuos y formación técnica. El enfoque prioriza sustentabilidad, salud del productor y calidad de los cultivos. La conversación permite entender qué implica realmente transitar hacia sistemas agrícolas más conscientes y funcionales.

La base de todo parte de entender la agricultura como un sistema integral donde interactúan factores bióticos y abióticos. No se trata solo de cultivar plantas, sino de reconocer que existe una red compleja entre suelo, clima, microorganismos y manejo humano. En ese contexto, el suelo deja de ser un soporte físico y se asume como un organismo vivo, con memoria, respuesta y necesidades específicas.

El punto central es claro: el suelo es lo más importante. En él viven millones de microorganismos que determinan la salud del cultivo. Cuando ese suelo está bien nutrido, responde con mejores rendimientos y mayor resiliencia. Cuando está degradado, refleja desequilibrios que se manifiestan en la planta. Esta visión cambia completamente la forma de trabajar.

La agricultura orgánica no consiste en sustituir insumos químicos por orgánicos. Esa es una de las ideas más extendidas y equivocadas. Lo que realmente implica es un proceso profundo de reentendimiento del sistema. Se trata de recuperar la vida del suelo mediante estrategias como la remineralización, el incremento de microbiología y la regeneración de sus funciones naturales.

En ese proceso, se reconoce que el suelo ha sido deteriorado por años de prácticas intensivas. Por eso, la transición no es inmediata. Requiere devolverle condiciones adecuadas para que los microorganismos vuelvan a activarse. Muchos de ellos permanecen inactivos por la carga de químicos acumulados. El objetivo es crear un entorno donde puedan volver a cumplir su función.

Uno de los elementos más relevantes es comprender que cada microorganismo tiene un papel específico. No se trata de eliminar, sino de equilibrar. Este enfoque rompe con la lógica tradicional de control basada en eliminación. Aquí se busca restaurar relaciones dentro del ecosistema.

El origen de Gaia Orgánicos está ligado a una experiencia crítica. Un evento relacionado con el uso de agroquímicos generó una reflexión profunda sobre los riesgos asociados. A partir de ahí, se tomó la decisión de eliminar completamente el uso de insumos químicos y buscar alternativas sostenibles.

El primer paso fue la producción de composta. Este proceso se desarrolló a partir de residuos orgánicos, integrando materiales como restos vegetales y desechos agrícolas. Con el tiempo, se convirtió en la base de un modelo que evolucionó hacia la producción de biofertilizantes y complejos microbiológicos.

El crecimiento del proyecto se apoyó en capacitación constante. Experiencias en otros países permitieron incorporar conocimientos sobre microbiología aplicada. Esto llevó al desarrollo de productos que incluyen hongos, bacterias y otros organismos benéficos que fortalecen el suelo.

La empresa también se enfocó en el aprovechamiento de residuos, transformando desechos en insumos útiles. Este enfoque no solo mejora la fertilidad, sino que reduce impactos ambientales. La lógica es clara: convertir problemas en soluciones dentro del mismo sistema productivo.

Además de productos, el trabajo incluye asesoría y formación. Se busca que los productores desarrollen sus propias capacidades para generar insumos y manejar sus cultivos de forma autónoma. La idea es avanzar hacia sistemas autosustentables, donde el productor dependa menos de insumos externos.

Uno de los mayores retos identificados es el cambio de mentalidad. Pasar de un modelo convencional a uno orgánico implica modificar la forma de pensar. No basta con cambiar productos, es necesario cambiar la lógica de producción. Esto incluye entender que los problemas en la planta tienen origen en el suelo.

Por ejemplo, la presencia de plagas no se aborda únicamente como un problema aislado. Se analiza su origen. Factores como estrés hídrico, desequilibrios nutricionales o condiciones ambientales influyen directamente. Este enfoque permite intervenir desde la causa y no solo desde el síntoma.

El proceso de acompañamiento al productor se centra en hacer visibles estas relaciones. Se busca que el agricultor entienda por qué ocurren los problemas y cómo prevenirlos. Esto genera un aprendizaje que va más allá de la aplicación de productos.

Otro punto importante es la percepción de dificultad. Muchos consideran que la agricultura orgánica es más compleja. En parte lo es, porque requiere mayor comprensión del sistema. Sin embargo, también ofrece mayor control a largo plazo. Una vez entendido el funcionamiento, el manejo se vuelve más coherente.

En contraste, la agricultura convencional ofrece soluciones rápidas. La aplicación directa de agroquímicos simplifica la toma de decisiones, pero no resuelve problemas de fondo. Esto genera dependencia y deterioro progresivo del sistema.

También se aborda el tema de la legislación. En México, la certificación orgánica implica un periodo de transición que puede durar varios años. Durante ese tiempo, el productor ya trabaja bajo prácticas orgánicas, pero no puede comercializar como tal. Esto representa una barrera importante.

Además, existe una falta de diferenciación en la regulación. Productos naturales son evaluados bajo criterios similares a los químicos, lo que limita su desarrollo. Se plantea la necesidad de generar normativas específicas que reconozcan las diferencias entre ambos enfoques.

A pesar de estos desafíos, se destaca que cualquier cultivo puede trabajarse bajo un sistema orgánico. Desde ornamentales hasta frutales, todos pueden adaptarse si se manejan adecuadamente las condiciones del suelo y el entorno.

El mensaje final se centra en la conciencia. Creer en el suelo como base de la producción implica asumir responsabilidad sobre su cuidado. Un suelo sano no solo mejora la productividad, también impacta en la salud de quienes producen y consumen.

La agricultura orgánica se presenta como una alternativa viable, pero exige compromiso. No es una solución inmediata, sino un proceso de transformación. Quien decide adoptarla debe estar dispuesto a aprender, observar y ajustar constantemente.

En síntesis, el enfoque propuesto redefine la agricultura desde su base. Prioriza la vida del suelo, la comprensión del sistema y la sostenibilidad a largo plazo. No se trata de reemplazar insumos, sino de reconstruir la forma de producir.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.