Este episodio explora cómo digitalizar el campo, mejorar la trazabilidad agrícola y transformar la forma en que se registran las actividades productivas. A través de la experiencia de Diego Palacios, se entiende cómo una necesidad práctica puede convertirse en una solución tecnológica concreta para productores y asesores.
Se presenta un enfoque centrado en resolver problemas reales mediante herramientas simples, destacando el papel de Modag y su impacto en la gestión agrícola, la toma de decisiones y la eficiencia operativa. La conversación muestra cómo avanzar hacia una agricultura más ordenada, conectada y funcional.
El punto de partida es claro: trabajar con papel limita profundamente la gestión agrícola. Durante años, las asesorías en campo se documentaban mediante informes físicos que, aunque completos en contenido, resultaban difíciles de analizar, comparar o reutilizar. La información quedaba dispersa, sin posibilidad real de seguimiento. No había trazabilidad ni análisis eficiente.
A partir de esa experiencia, surge la necesidad de cambiar el enfoque. No se trata solo de digitalizar un formato existente, sino de replantear cómo se registra la información en campo. En lugar de replicar el cuaderno físico, se rediseña el proceso desde cero. El objetivo se vuelve práctico: facilitar la anotación, hacerla útil y permitir que genere valor inmediato.
Así nace Modag, una herramienta que responde a un problema cotidiano. Su desarrollo parte de observar directamente a los agricultores. Se identifican patrones comunes en las actividades, como aplicaciones foliares, riego, uso de productos fitosanitarios y mezclas. A partir de esto, se construye un sistema de registro simple, estructurado y adaptable.
El funcionamiento es directo. El usuario selecciona el campo, define la actividad, elige el tipo de aplicación y registra información clave. Puede añadir fotografías, responsables y detalles específicos. Todo queda almacenado de forma ordenada. Cada anotación se convierte en un dato útil, no en un simple registro aislado.
Uno de los avances más relevantes es la posibilidad de generar recomendaciones preestablecidas. Esto reduce tiempo y estandariza procesos. En lugar de escribir lo mismo repetidamente, el asesor selecciona una recomendación ya configurada, la ajusta si es necesario y la envía. Esto agiliza el trabajo sin perder precisión.
El sistema también permite generar reportes. Estos pueden ser individuales o integrados, dependiendo de la necesidad. La información se envía por correo y, en evolución, también por otros canales. Sin embargo, el enfoque no está en producir documentos, sino en trabajar directamente sobre los datos. La plataforma se plantea como un espacio operativo, no solo informativo.
Otro elemento clave es la vinculación entre actores. El asesor puede gestionar múltiples agricultores desde una sola interfaz, mientras que cada agricultor accede únicamente a su información. Esto garantiza orden, privacidad y eficiencia. Se crea una red conectada dentro de la misma plataforma.
El modelo de acceso es abierto en su base. La herramienta puede utilizarse sin costo con funcionalidades completas. Esto busca incentivar la adopción. El valor económico se genera en la implementación, capacitación y desarrollos personalizados. Las organizaciones que requieren adaptaciones específicas reciben acompañamiento técnico y mejoras a medida.
El proceso de implementación incluye formación del equipo, carga de datos y ajustes operativos. Esto no solo introduce una herramienta, sino una forma distinta de trabajar. El cambio no es tecnológico, sino cultural. Aquí aparece uno de los principales desafíos.
La dificultad no está en el uso del sistema. La interfaz es simple, comparable a enviar un mensaje. El problema real es el hábito. En el sector agrícola no existe una cultura sólida de registro. No se acostumbra documentar de manera constante. Por eso, la barrera es conductual.
El enfoque para superar esto se basa en explicar el beneficio. Registrar información no es una carga adicional, sino una forma de organizar el trabajo. Permite revisar decisiones, corregir errores y planificar mejor. A nivel de equipo, mejora la coordinación. A nivel individual, reduce incertidumbre.
El impacto se refleja en la productividad. Cuando todos registran y acceden a la información, se reducen repeticiones, se optimizan tiempos y se mejora la toma de decisiones. El registro deja de ser una obligación y se convierte en una herramienta estratégica.
En términos de alcance, la adopción ha sido progresiva. La mayoría de los usuarios se concentra en Chile, pero ya existen registros en otros países. Esto demuestra que el problema es transversal. La necesidad de ordenar información en campo no depende de la región, sino del tipo de operación.
El crecimiento también se apoya en estrategias de validación. Primero se trabajó en asegurar que la herramienta funcionara correctamente. Luego se pasó a validar el modelo comercial. Esto permitió entender qué valor perciben los usuarios y cómo están dispuestos a adoptarlo.
Las alianzas con organizaciones agrícolas y exportadoras representan una oportunidad importante. Estas entidades requieren trazabilidad de sus proveedores, lo que convierte a la herramienta en un punto de conexión. La digitalización se vuelve un requisito, no una opción.
A futuro, la visión es clara. La agricultura avanzará hacia procesos más digitalizados. Las nuevas generaciones tendrán mayor familiaridad con la tecnología y exigirán herramientas acordes. En ese contexto, soluciones como esta deben evolucionar junto al usuario.
El enfoque no es solo tecnológico, sino generacional. Quienes hoy tienen 20 años pronto estarán en posiciones clave. Su forma de trabajar será distinta. Esperarán sistemas que les permitan gestionar información en tiempo real, colaborar y tomar decisiones basadas en datos.
La proyección apunta a consolidar una plataforma que acompañe ese cambio. No se trata de imponer una herramienta, sino de integrarse al flujo de trabajo. La clave está en la adopción masiva. Mientras más usuarios registren información, mayor será el valor generado.
En síntesis, el desarrollo de un cuaderno digital no es un fin en sí mismo. Es un medio para ordenar, analizar y mejorar la gestión agrícola. El cambio comienza con algo simple: anotar lo que se hace. A partir de ahí, todo lo demás se construye.



