Episodio 030: ¿Cuál es la edad de los productores mexicanos?

¿Cuál es la edad de los productores mexicanos?

Descarga mi plantilla gratuita…

Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La pregunta parece simple, pero revela un problema estructural del campo mexicano: la edad de quienes producen alimentos. A partir de datos de INEGI y de la Encuesta Nacional Agropecuaria, se analiza quiénes están trabajando la tierra hoy y qué significa que gran parte de ellos pertenezca a generaciones cercanas al retiro.

Comprender la estructura generacional del campo, el acceso a tecnología agrícola y las brechas en el uso de herramientas digitales permite anticipar lo que podría ocurrir en los próximos años. Los datos de INEGI muestran tendencias claras sobre quién produce, con qué herramientas trabaja y cómo podría transformarse la agricultura.

Cuando surge la pregunta sobre la edad promedio de los agricultores en México, aparece un contexto interesante. La inquietud nace al conocer que en Estados Unidos la edad promedio de los agricultores ronda los 58 años, un dato que sugiere una generación cercana al retiro. Eso lleva a cuestionar si algo similar ocurre en el campo mexicano.

Para responder esa duda se revisan los datos de la Encuesta Nacional Agropecuaria 2017, elaborada por INEGI. Esta encuesta permite observar con cierto detalle cómo está conformada la población productora del país. Lo primero que aparece es una característica clara: la producción agrícola sigue estando dominada por hombres.

Los números muestran que el 85.5% de los productores son hombres, mientras que solo el 14.5% son mujeres. Esto indica que, aunque las mujeres participan activamente en el trabajo rural, todavía existe una fuerte desigualdad cuando se trata de quienes toman decisiones dentro de las unidades de producción.

El siguiente punto que llama la atención es la edad de quienes producen. Los datos muestran que casi el 40% de los productores tiene más de 60 años. Esta cifra es importante porque sugiere que una parte considerable del sector agrícola se encuentra en una etapa cercana al retiro.

Si se revisa con más detalle la distribución por rangos de edad, el panorama se vuelve más claro. Apenas 0.9% de los productores tiene entre 18 y 25 años, lo que evidencia una presencia muy baja de jóvenes dedicados directamente a la producción.

En el rango de 26 a 45 años se concentra el 22.6%, una cifra mayor pero todavía limitada. Después aparece el grupo con mayor presencia: los productores entre 46 y 60 años, que representan 37.8% del total.

A partir de los 61 años continúa una participación significativa. Entre 61 y 75 años se ubica el 28.8% de los productores, mientras que entre 76 y 85 años se encuentra el 8%. Incluso existe un pequeño grupo mayor de 85 años, equivalente al 1.8%.

Si se agrupan los productores entre 46 y 75 años, el resultado es revelador: 66.6% de los productores mexicanos se encuentran en ese rango de edad. Esto significa que dos terceras partes del campo están en manos de personas que pertenecen a generaciones maduras.

Este dato abre una reflexión importante. Cuando una generación agrícola se acerca al retiro, inevitablemente surge la necesidad de que otra generación tome su lugar. Esa transición generacional no solo implica un cambio de personas, también implica cambios en la forma de producir.

Uno de los aspectos donde esto podría notarse más es en el uso de tecnología. Las generaciones más jóvenes suelen tener mayor familiaridad con herramientas digitales, mientras que muchos productores de mayor edad no crecieron utilizando estas tecnologías.

En el caso del campo mexicano, el acceso a herramientas digitales todavía es limitado. La encuesta muestra que solo el 9.6% de las unidades de producción tiene acceso a internet, 9.2% cuenta con computadora y apenas 1.3% dispone de tablet u otras tecnologías similares.

Estas cifras no sorprenden demasiado cuando se considera la realidad de muchas zonas rurales. En diversas regiones del país la cobertura de internet o de telefonía móvil sigue siendo insuficiente. Incluso en algunos lugares simplemente no existe señal.

Esta falta de conectividad limita el acceso a información técnica en tiempo real. Cuando un productor necesita tomar decisiones sobre plagas, fertilización o manejo de cultivos, muchas veces depende de asesoría externa o de conocimientos tradicionales.

Sin embargo, la llegada de nuevas generaciones podría modificar esta situación. Las personas más jóvenes suelen utilizar con naturalidad teléfonos inteligentes, aplicaciones o plataformas de información. Esto abre la posibilidad de tomar decisiones agrícolas con mayor rapidez.

El acceso inmediato a información puede facilitar diagnósticos, comparaciones de manejo, análisis de precios o consulta de recomendaciones técnicas. En lugar de esperar la visita de un especialista, el productor podría consultar información directamente en campo.

Los datos indican que ya existe un crecimiento en el uso de tecnologías de información dentro del sector agrícola. En 2014 el 20.9% de las unidades productivas utilizaba alguna tecnología de información.

Tres años después, en 2017, la cifra subió a 33.4%. Este incremento de más de 12 puntos porcentuales en un periodo corto muestra que la adopción tecnológica comienza a avanzar, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

Si esta tendencia continúa, es probable que durante la década de 2020 el uso de tecnologías digitales en la agricultura mexicana siga creciendo. Ese crecimiento dependerá tanto de la infraestructura digital como de la renovación generacional.

Pero mientras algunos aspectos tecnológicos avanzan, otros muestran rezagos importantes. Un ejemplo claro aparece en el caso de la maquinaria agrícola, especialmente en la edad de los tractores utilizados en el campo.

La encuesta revela que solo el 16.9% de los tractores tiene entre 0 y 5 años de antigüedad. Esto indica que una pequeña proporción corresponde a maquinaria relativamente nueva.

Los tractores con 5 a 10 años representan 19.7%, mientras que aquellos con 10 a 15 años equivalen a 12.1%. Hasta este punto la distribución parece relativamente equilibrada.

El problema aparece al observar el grupo más antiguo. El 44.3% de los tractores tiene más de 15 años de uso. Es decir, casi la mitad de la maquinaria agrícola utilizada en el país corresponde a equipos bastante antiguos.

Además existe un 7% de maquinaria cuyo tiempo de uso no fue especificado. Aun considerando ese grupo, queda claro que la modernización de maquinaria no avanza al mismo ritmo que la adopción de tecnologías de información.

Las razones detrás de este retraso pueden ser diversas. El costo de la maquinaria, el tamaño de las unidades de producción o la disponibilidad de financiamiento pueden influir en la decisión de renovar equipos.

Más allá de eso, la información deja ver una agricultura que combina elementos tradicionales con avances tecnológicos graduales. Algunos aspectos se modernizan con rapidez, mientras otros permanecen prácticamente sin cambios.

Antes de cerrar el análisis aparece un dato que resulta especialmente llamativo y que abre la puerta a nuevas reflexiones. Se trata del tema de la remuneración del trabajo en el campo.

Según los datos disponibles, solo el 55.9% de los hombres que trabajan en el campo recibe un pago por su trabajo. Esto significa que casi la mitad realiza actividades agrícolas sin recibir una remuneración directa.

La situación es aún más marcada en el caso de las mujeres. Solo el 28.8% de las mujeres que trabajan en el campo recibe un pago. En otras palabras, alrededor del 72% de las mujeres rurales trabaja sin remuneración.

Este contraste revela una desigualdad profunda en la forma en que se distribuye el valor del trabajo dentro del sector agrícola. Aunque muchas mujeres participan activamente en las labores del campo, una gran proporción lo hace sin recibir pago.

Ese dato abre una discusión más amplia sobre la organización del trabajo rural, el reconocimiento económico y el papel que desempeñan las mujeres dentro de las unidades de producción.

En conjunto, los datos muestran un campo caracterizado por productores de edad avanzada, baja participación juvenil, limitaciones tecnológicas y desigualdades en la remuneración del trabajo.

Al mismo tiempo, también aparecen señales de cambio. El crecimiento en el uso de tecnologías de información y la posible incorporación de nuevas generaciones podrían transformar gradualmente la forma en que se produce en el país.

Entender estas tendencias permite anticipar los retos que enfrentará la agricultura mexicana en los próximos años. La transición generacional, la modernización tecnológica y el reconocimiento del trabajo rural serán temas centrales para el futuro del sector.