Episodio 068: El papel de la mujer en la agricultura con Violeta Bastida

La conversación gira alrededor de el papel de la mujer en la agricultura, un tema que revela cómo cambian las dinámicas del sector cuando aparecen nuevas voces y trayectorias profesionales. Violeta Bastida, agrónoma formada en Universidad Autónoma Chapingo, comparte experiencias reales trabajando en producción vegetal tecnificada fuera de México.

A partir de su historia se observa cómo mujeres agrónomas enfrentan barreras culturales, laborales y técnicas. Desde Toronto hasta los sistemas de producción altamente controlados, Violeta Bastida describe los retos de emigrar, trabajar en otro idioma y abrirse paso en espacios donde la participación femenina aún es limitada.


Inscríbete a mi Entrenamiento de ventas. Aprenderás a guiar una conversación de ventas para que el agricultor llegue a la decisión de compra de manera natural.

El punto de partida es la trayectoria de Violeta Bastida, ingeniera agrónoma egresada de horticultura protegida en Universidad Autónoma Chapingo. Después de terminar sus estudios, continuó su formación con un posgrado relacionado con cooperación internacional y sustentabilidad. Esa combinación de agricultura, política pública y enfoque social marcó su forma de entender el sector.

Actualmente trabaja en Canadá dentro de una producción intensiva de plantas medicinales que no depende del clima exterior. Se trata de un sistema completamente controlado donde la temperatura, la humedad, la iluminación artificial y la concentración de CO₂ se regulan de manera tecnológica. En lugar de cultivar en campo o invernadero, el trabajo ocurre dentro de un edificio donde cada variable ambiental se controla con precisión.

Ese entorno representa una forma de agricultura muy distinta a la convencional. No existe dependencia del clima, del suelo ni de la lluvia. Todo se maneja mediante sistemas automatizados que permiten ajustar las condiciones exactas que las plantas necesitan para crecer. Esto convierte la producción en un proceso extremadamente intensivo y tecnificado.

Trabajar en otro país implicó enfrentar varios retos. El primero fue adaptarse a un entorno cultural diferente y a un idioma que no era el propio. El inglés que se aprende en la universidad puede ser suficiente para estudiar, pero no necesariamente para trabajar en un contexto técnico. El vocabulario agronómico especializado exige una preparación adicional.

Antes de su entrevista laboral, dedicó semanas a estudiar terminología técnica en inglés. La dificultad no era comprender los procesos agrícolas, sino expresar esos conocimientos utilizando el lenguaje adecuado. En muchos casos entendía perfectamente el procedimiento, pero desconocía la palabra específica que lo describía.

Esta situación generaba malentendidos al principio. Cuando no comprendía una palabra, algunos colegas asumían que no conocía el tema. Para resolverlo, comenzó a pedir que escribieran el término y entonces explicaba el proceso al que se refería. De esa manera se hizo evidente que la barrera era lingüística y no técnica.

Otro reto importante fue la participación limitada de mujeres en ciertas áreas de la agricultura, especialmente en aquellas relacionadas con maquinaria, irrigación o trabajo físico. Incluso dentro de la empresa donde trabaja, el departamento de irrigación tiene una presencia femenina mínima.

Ella misma es la única mujer en ese equipo. Eso implica enfrentarse constantemente a dudas sobre su capacidad para realizar determinadas tareas. En muchas ocasiones los compañeros quieren comprobar si realmente puede realizar trabajos que implican esfuerzo físico o manipulación de herramientas.

La estrategia para enfrentar esa situación fue sencilla: demostrar con acciones que puede realizar el trabajo. En lugar de reaccionar con confrontación, decidió utilizar el humor para reducir la tensión y mostrar que era capaz de cumplir las mismas funciones que el resto del equipo.

Cuando se requieren labores como arrastrarse debajo de mesas de cultivo para reparar válvulas o cambiar filtros del sistema de riego, participa sin problema. Con el tiempo, las dudas desaparecen y la relación laboral se vuelve más colaborativa.

Este proceso ilustra una realidad frecuente en el sector agrícola: muchas mujeres deben demostrar sus capacidades con mayor intensidad que los hombres. Las expectativas iniciales suelen ser más bajas, por lo que cada logro sorprende y cambia la percepción de quienes trabajan alrededor.

El tema cultural aparece constantemente en la conversación. En muchos contextos agrícolas, especialmente en áreas rurales, se mantienen ideas tradicionales sobre los roles de género. Esto influye tanto en la contratación como en la asignación de responsabilidades.

Una de las reflexiones centrales es que el cambio ocurre cuando las personas ven ejemplos reales. Cuando una mujer desempeña con éxito tareas que antes se consideraban exclusivas de hombres, las percepciones comienzan a modificarse.

Por eso considera importante que existan referentes femeninos dentro del sector agrícola. Ver a otras mujeres ocupando puestos de responsabilidad ayuda a que más estudiantes se animen a seguir carreras agronómicas.

En su experiencia, el problema no es que las mujeres no estén presentes en la agricultura. Muchas trabajan en el sector. La diferencia aparece en los niveles de toma de decisiones, donde todavía existe menor representación femenina.

Otro punto relevante es la importancia de la capacitación. Muchas trabajadoras tienen experiencia operativa pero no acceden a puestos superiores porque dudan de sus capacidades o porque no reciben formación adicional.

Por eso insiste en la necesidad de capacitarse constantemente y perder el miedo a postularse para nuevas oportunidades. Incluso si no se cumplen todos los requisitos de una vacante, aplicar permite abrir posibilidades.

También señala que cuando una empresa no reconoce el trabajo de una profesionista, una alternativa es emprender. Crear proyectos propios puede convertirse en una vía para generar oportunidades cuando el entorno laboral es limitado.

En cuanto al trabajo con productores en campo, recomienda paciencia y estrategia. Llegar directamente a decirle a un agricultor que está haciendo algo mal suele generar resistencia. Primero es necesario construir confianza y demostrar conocimiento práctico.

Las habilidades de comunicación y liderazgo se vuelven fundamentales en estos contextos. Estas capacidades rara vez se enseñan de forma formal en la universidad, pero son esenciales para trabajar con equipos, productores y colegas.

El desarrollo de estas habilidades depende en gran medida de la práctica. Analizar las propias debilidades, aprender a comunicarse mejor y observar cómo interactúan otras personas son pasos clave en ese proceso.

La tecnología aparece como otro eje importante del futuro agrícola. En sistemas de producción controlada, el manejo de software, sensores y automatización es parte del trabajo diario. La agricultura moderna no depende únicamente de trabajo físico.

En instalaciones donde todo está automatizado, cualquier fallo técnico puede afectar toda la producción. Un sensor mal calibrado, una bomba detenida o un corte eléctrico pueden provocar pérdidas rápidas si no se detectan a tiempo.

Esto exige una gran capacidad de adaptación y aprendizaje continuo. Cada nueva tecnología implica comprender sistemas diferentes y responder rápidamente a problemas inesperados.

A largo plazo, su perspectiva profesional incluye seguir aprendiendo y escalando en el sector. Sin embargo, también mantiene la idea de regresar a México para aplicar lo aprendido.

Existe una motivación clara detrás de esa decisión. La formación universitaria que recibió fue financiada por una institución pública. Por esa razón siente responsabilidad de devolver ese conocimiento al país que contribuyó a su educación.

La meta final es combinar lo aprendido en el extranjero con las necesidades del sector agrícola mexicano. La idea no es copiar modelos de otros países, sino adaptar lo mejor de cada sistema para generar oportunidades y mejorar las condiciones del campo.

Desde esa perspectiva, la experiencia internacional se convierte en una herramienta para impulsar cambios futuros. Aprender, regresar y aplicar ese conocimiento es parte de una visión de largo plazo orientada al desarrollo agrícola.