La fresa se ha convertido en uno de los cultivos más dinámicos de la agricultura mexicana. Analizar sus números permite entender dónde se produce más, cómo ha crecido el cultivo y qué regiones concentran la mayor rentabilidad. Los datos recopilados por SIAP muestran un panorama claro del avance productivo reciente.
En este análisis se revisan producción nacional, superficie cultivada y rendimientos por hectárea, además del peso que tienen ciertos estados y municipios en el mapa fresero. Las cifras permiten identificar a los territorios que impulsan el sector y cómo evoluciona la productividad dentro del país.
La producción de fresa en México ha mostrado un crecimiento notable durante las últimas décadas. Al revisar los registros históricos disponibles, se observa que la actividad ha ido consolidándose con el paso del tiempo, tanto en superficie sembrada como en volumen de producción. La tendencia general es clara: cada año el cultivo ocupa más terreno y produce más fruta.
El punto más alto registrado recientemente se alcanzó en 2019, cuando la producción nacional llegó a 861 mil toneladas de fresa, una cifra que supera con claridad los niveles alcanzados en años anteriores. En comparación, durante 2017 y 2018 la producción nacional rondaba aproximadamente 650 mil toneladas, lo que permite dimensionar el salto productivo que se logró en ese periodo.
El aumento en la producción está estrechamente relacionado con el crecimiento de la superficie sembrada. En 2019 se reportaron 16 mil 800 hectáreas sembradas, el valor más alto registrado para este cultivo. Dos años antes la superficie se encontraba alrededor de 13 mil 700 hectáreas, por lo que el incremento en apenas un par de ciclos resulta evidente.
Esta expansión no ha ocurrido de manera aislada. Desde hace aproximadamente quince años la superficie dedicada a la fresa muestra una trayectoria ascendente. Cada ciclo agrícola incorpora nuevas hectáreas al cultivo, consolidando a la fresa como una alternativa productiva importante dentro de varias regiones agrícolas del país.
La superficie cosechada sigue prácticamente el mismo comportamiento que la superficie sembrada. En 2019 se registraron cerca de 16 mil 400 hectáreas cosechadas, una cifra que también supera con claridad los valores observados en años anteriores. La diferencia entre superficie sembrada y cosechada suele ser pequeña, lo que indica que la mayoría de las áreas plantadas logran llegar a la etapa de recolección.
Otro indicador relevante es el rendimiento promedio por hectárea. Desde finales de la década de 1990 el rendimiento ha mostrado una tendencia gradual de crecimiento. En 2019 se alcanzaron 52.4 toneladas por hectárea, una cifra que confirma la mejora en la eficiencia productiva del cultivo.
Sin embargo, este aumento no ha sido completamente uniforme. Hubo algunos años en los que el rendimiento disminuyó. Por ejemplo, después de registrar alrededor de 46 toneladas por hectárea en 2014, el rendimiento cayó a 39 toneladas en 2015 y posteriormente subió a 42 toneladas en 2016. Aun con esas variaciones, la tendencia general sigue siendo ascendente.
El comportamiento del precio también refleja cambios importantes en el mercado. Durante 2019 la tonelada de fresa se pagó en promedio 17 mil pesos, mientras que en 2018 el precio se ubicaba cerca de 15 mil 700 pesos. Si se observa una década atrás, el incremento es aún más evidente.
En 2015 la tonelada se pagaba alrededor de 10 mil 400 pesos, y en 2014 el precio era cercano a 9 mil 400 pesos. Este aumento gradual en el valor comercial ha contribuido a que el cultivo resulte más atractivo para los productores.
Cuando se analiza el valor total de la producción, el crecimiento resulta todavía más evidente. En 2016 el valor generado por la fresa era cercano a 7 mil 800 millones de pesos. Un año después el valor se elevó a 12 mil 600 millones, lo que representa un aumento muy significativo en un periodo corto.
La tendencia continuó en los años posteriores. En 2018 el valor de la producción alcanzó aproximadamente 13 mil 400 millones de pesos, y para 2019 la cifra llegó a 20 mil 500 millones de pesos. Este salto implica que en un solo año el valor económico del cultivo aumentó cerca de siete mil millones de pesos.
Al revisar la producción por estados se observa que existe una fuerte concentración geográfica. El estado que domina claramente el panorama nacional es Michoacán, que en 2019 registró 564 mil toneladas de fresa producida.
En segundo lugar aparece Baja California con alrededor de 200 mil toneladas, una diferencia considerable respecto al líder nacional. Después se ubica Guanajuato con aproximadamente 80 mil toneladas, seguido por el Estado de México con poco más de siete mil toneladas.
El quinto lugar lo ocupa Aguascalientes con poco más de tres mil toneladas. Después aparecen otros estados con participaciones mucho menores, entre ellos Baja California Sur, Jalisco, Zacatecas, Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, Morelos, Chihuahua y Veracruz.
La superficie sembrada también muestra el dominio de Michoacán. Este estado reportó cerca de 11 mil 700 hectáreas sembradas, una cifra muy superior a la del resto del país. En segundo lugar se encuentra Baja California con aproximadamente 2 mil 700 hectáreas.
Guanajuato aparece después con cerca de 1,800 hectáreas, seguido por el Estado de México con unas 350 hectáreas. Aguascalientes completa los cinco primeros lugares con alrededor de 60 hectáreas sembradas.
El análisis de rendimiento promedio por estado presenta una dinámica distinta. En este indicador el liderazgo corresponde a Baja California, con 74.2 toneladas por hectárea, lo que lo coloca por encima del resto de las entidades productoras.
Después aparece Guanajuato con cerca de 58 toneladas por hectárea. En tercer lugar se encuentra Aguascalientes con aproximadamente 51 toneladas por hectárea. Michoacán, a pesar de ser el principal productor, ocupa el cuarto lugar en rendimiento con cerca de 48 toneladas por hectárea.
El comportamiento del precio promedio también presenta variaciones entre estados. Baja California vuelve a encabezar la lista, con un precio cercano a 37 mil 700 pesos por tonelada. Este valor es considerablemente más alto que el promedio nacional.
Otros estados que registran precios elevados son Jalisco, Chihuahua y Oaxaca. En contraste, entidades con mayor volumen de producción como Michoacán y Guanajuato aparecen más abajo en la lista de precios promedio.
Cuando se analiza el valor total generado por la producción, Michoacán recupera el primer lugar. El estado generó aproximadamente 11 mil 700 millones de pesos, muy por encima del resto de las entidades productoras.
Baja California ocupa el segundo lugar con cerca de 7 mil 600 millones de pesos, seguido por Guanajuato con alrededor de 840 millones. Después aparecen el Estado de México y Aguascalientes con valores mucho menores.
El análisis municipal revela concentraciones aún más específicas dentro del territorio. El municipio con mayor producción registrada es Ensenada, en Baja California, con aproximadamente 200 mil 500 toneladas.
En segundo lugar se encuentra Lagunillas, en Michoacán, con cerca de 158 mil toneladas. Muy cerca aparece Zamora, también en Michoacán, con aproximadamente 149 mil toneladas.
Otros municipios destacados incluyen Tangancícuaro, Jacona, Ixtlán, Abasolo y Chavinda, entre varios más. La mayoría de ellos se ubican en los estados de Michoacán y Guanajuato, lo que confirma la concentración regional de la producción fresera.
En términos de superficie sembrada municipal, Lagunillas lidera con aproximadamente 2,900 hectáreas, seguido por Ensenada con cerca de 2,700 hectáreas y Zamora con unas 2,600 hectáreas.
Finalmente, al analizar el valor económico generado por municipio, Ensenada vuelve a ocupar el primer lugar con aproximadamente 7 mil 600 millones de pesos. Después aparecen Lagunillas con cerca de 3 mil 300 millones y Zamora con 3 mil 200 millones.
Estas cifras muestran con claridad cómo la producción de fresa en México se concentra en determinadas regiones y cómo la combinación de superficie cultivada, rendimiento y precio define el peso económico de cada zona dentro del sector.

