Las historias técnicas del campo suelen quedarse dentro de una parcela, pero algunas cruzan continentes. En esta conversación, Paco García comparte cómo un ingeniero agrícola puede pasar de los invernaderos de Almería a dirigir proyectos agrícolas internacionales, enfrentando climas extremos, culturas distintas y decisiones técnicas que definen el éxito productivo.
Desde proyectos en México hasta experiencias en Medio Oriente y Asia, Paco García explica cómo se construyen sistemas productivos en lugares donde la agricultura parece imposible. Aparecen temas como hidropónico de alta tecnología, adaptación a climas extremos, manejo de cultivos y el aprendizaje continuo necesario para trabajar en la agricultura global.
La trayectoria de Paco comienza en un entorno muy cercano al campo. Creció en una familia agrícola vinculada a los invernaderos de Almería, una de las regiones hortícolas más importantes de Europa. Desde pequeño estuvo rodeado de cultivo protegido, riego y manejo agronómico, algo que terminó influyendo directamente en su formación profesional.
Su formación académica combinó química e ingeniería técnica agrícola. La química le dio una base sólida para entender la nutrición vegetal, los fertilizantes y los procesos relacionados con la fertilización, especialmente en sistemas hidropónicos. Por otra parte, la ingeniería agrícola le permitió comprender la construcción de invernaderos, el diseño de proyectos y el funcionamiento de maquinaria agrícola.
Esa combinación terminó siendo clave cuando comenzó a participar en proyectos agrícolas internacionales.
Los primeros pasos fuera de España estuvieron marcados por programas de intercambio universitario en Europa. Estas experiencias fueron importantes porque permitieron desarrollar una visión multicultural y perder el miedo a trabajar en otros países. Viajar, adaptarse a nuevos entornos y convivir con otras culturas se convirtió en una parte natural de su desarrollo profesional.
Con el tiempo comenzaron a aparecer oportunidades laborales en diferentes regiones del mundo.
Uno de los proyectos más importantes ocurrió en México. Allí participó en el establecimiento de sistemas de invernaderos de alta tecnología con hidropónico y control climático, desarrollados para producir en condiciones exigentes. Este proyecto implicó implementar infraestructura moderna y adaptar el manejo agronómico a las condiciones locales.
Posteriormente participó en otro proyecto relevante en el norte de México, donde se desarrolló una plantación de aproximadamente 400 hectáreas de olivo combinada con infraestructura agrícola y caminos. Este tipo de proyectos no solo involucra cultivo, sino también planificación territorial, electrificación y logística.
Además del reto técnico, este proyecto tuvo un componente social importante.
Se generaron más de 150 empleos en una zona con pocas oportunidades laborales, lo que convirtió la iniciativa en algo más que un desarrollo agrícola. Para Paco, ese proyecto fue uno de los más satisfactorios de su carrera porque combinó productividad con impacto social.
Después llegaron experiencias en otros países con contextos muy distintos.
En Omán, por ejemplo, el desafío principal fue el clima. Las temperaturas pueden superar los 50 grados Celsius, con humedad cercana al 90%. Estas condiciones hacen extremadamente difícil la producción hortícola.
En ese contexto se desarrollaron ocho hectáreas de invernadero y dos hectáreas de casa sombra para producir tomate y pimiento en sistemas hidropónicos. El objetivo era lograr producción local en una región que depende fuertemente de importaciones de alimentos.
El mercado era atractivo porque existe una fuerte demanda de productos frescos, incluso con precios elevados.
Otro proyecto importante ocurrió en Irán, cerca de Teherán. Allí el clima es más benigno debido a la altitud. Las temperaturas son más moderadas y la humedad es baja, lo que facilita el manejo de cultivos en invernadero.
En esa región se desarrollaron cultivos de lechuga hidropónica, tomate cherry y tomate tipo ramo. La experiencia permitió trabajar en el desarrollo de variedades adaptadas a las condiciones climáticas locales.
Sin embargo, el proyecto que representó el mayor desafío fue el de China.
En ese país no solo existían retos climáticos, sino también culturales. El manejo agrícola dentro de invernaderos de alta tecnología requería cambios en la forma de trabajar. Muchas veces se intentaba aplicar métodos tradicionales de agricultura a sistemas tecnificados, lo que generaba conflictos en el manejo del cultivo.
Además, la comunicación era complicada debido al idioma. En algunas zonas prácticamente nadie hablaba inglés, por lo que era necesario trabajar con traductores para transmitir instrucciones técnicas.
La barrera cultural también influía en la toma de decisiones.
En algunos casos resultaba difícil convencer a los responsables de los proyectos de utilizar insumos de mayor calidad o modificar prácticas de manejo. Incluso cuando existía evidencia técnica, el cambio podía ser lento.
A pesar de estas dificultades, el trabajo permitió implementar invernaderos de cristal de alta tecnología, con diferentes variedades de tomate sometidas a pruebas de adaptación.
En términos agronómicos, Paco ha trabajado con una gran diversidad de cultivos.
El tomate ha sido el más frecuente, seguido por pimiento, judía, sandía y melón. También ha tenido contacto con cultivos como piña, plátano y algunas hortalizas menos comunes.
Entre todos ellos, considera que la sandía puede representar uno de los mayores retos agronómicos. Este cultivo depende fuertemente de factores ambientales, polinización y manejo preciso del cuajado y del crecimiento del fruto.
Además, la producción temprana requiere condiciones climáticas muy específicas.
Más allá de los cultivos, uno de los factores más determinantes en cualquier proyecto agrícola es el clima. Temperatura, humedad relativa y radiación solar influyen directamente en el desarrollo de las plantas.
Por ejemplo, en zonas con humedad relativa muy alta las plantas transpiran menos, lo que dificulta la producción de frutos de calidad. En cambio, ambientes secos con temperaturas elevadas pueden ser más manejables desde el punto de vista fisiológico.
Otro elemento crítico es la calidad del agua.
En algunas regiones el agua puede tener pH muy elevado o conductividad alta, lo que obliga a realizar ajustes constantes en las soluciones nutritivas.
A lo largo de todos estos proyectos también se ha confirmado una idea importante: el éxito de un sistema agrícola no depende solo de la tecnología.
En algunos países se han instalado invernaderos extremadamente sofisticados sin haber realizado antes un análisis económico adecuado. Cuando los costos de inversión son demasiado altos, el proyecto puede volverse inviable aunque la producción sea buena.
Por esta razón, muchas veces un sistema de tecnología media puede ser más rentable que uno de máxima tecnología.
Un ejemplo claro se encuentra en los invernaderos de Almería. Allí predominan estructuras relativamente simples, conocidas como raspa y amagado, que tienen costos mucho menores que los invernaderos de cristal.
A pesar de ello, los rendimientos productivos pueden ser muy competitivos.
Actualmente, Almería continúa expandiendo su superficie agrícola. La región ya supera las 30 mil hectáreas de invernaderos y sigue creciendo. En los últimos años se ha observado una transición en los cultivos.
El tomate ha ido perdiendo terreno frente al pimiento tipo California, que actualmente es uno de los cultivos más importantes de la zona.
También se ha expandido la producción de sandía temprana en invernadero, que permite abastecer el mercado europeo antes que otras regiones productoras.
Después de tantos años de trabajo internacional, Paco insiste en una idea central para los profesionales jóvenes del sector agrícola.
La agricultura es una profesión apasionante, pero exige aprendizaje constante. Cada año trae nuevas lecciones y cada proyecto presenta desafíos distintos.
Por eso recomienda desarrollar conocimientos en hidropónicos, control climático y nuevas tecnologías, además de mantener una actitud abierta al aprendizaje.
La experiencia demuestra que en el campo siempre hay algo nuevo que aprender. Cada clima, cada cultivo y cada proyecto obliga a replantear decisiones.
Y precisamente esa combinación de técnica, adaptación y aprendizaje continuo es lo que define la carrera de un profesional agrícola que trabaja en distintos lugares del mundo.

