Episodio 216: Plagas de importancia económica en la zarzamora con Rafael Cardoso

Plagas de importancia económica en la zarzamora con Rafael Cardoso

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Las plagas no aparecen por casualidad. Detrás de cada brote hay decisiones de manejo, condiciones ambientales y prácticas agrícolas que favorecen su desarrollo. En esta conversación con Rafael Cardoso se analizan plagas clave, impacto económico y manejo racional en el cultivo de zarzamora.

La producción moderna de berries exige entender los organismos que conviven con el cultivo. A partir de la experiencia de Rafael Cardoso, se revisan araña roja, Drosophila suzukii y trips, además de estrategias prácticas para reducir su impacto mediante manejo integrado, observación constante y decisiones técnicas basadas en evidencia.

Cuando se habla de plagas en agricultura suele hacerse una separación entre plagas, enfermedades y malezas. Sin embargo, desde una perspectiva técnica todas pueden considerarse parte del mismo problema: cualquier organismo que cause daño al cultivo. Una plaga es todo aquello que provoca un daño o afecta el desarrollo del cultivo, independientemente de si es un insecto, un hongo o una planta competidora. Esta clasificación más amplia ayuda a entender mejor el sistema agrícola y a tomar decisiones más coherentes en el manejo del cultivo.

También es importante diferenciar entre daño biológico y daño económico. Un organismo puede estar presente en el cultivo sin necesariamente justificar acciones de control. Solo cuando su presencia implica pérdidas en rendimiento, calidad o costos de manejo comienza a considerarse una plaga de importancia económica.

En el caso de la zarzamora, los organismos más relevantes pertenecen principalmente al grupo de los artrópodos. Entre ellos destaca la araña roja, conocida científicamente como Tetranychus urticae. Esta especie se ha convertido en la plaga más importante del cultivo y, según la experiencia en campo, probablemente seguirá siéndolo. Su impacto se ha intensificado especialmente con la expansión del sistema de producción bajo macrotúneles, donde las condiciones de temperatura y humedad favorecen su desarrollo.

La araña roja afecta directamente el follaje de la planta. Al alimentarse de los tejidos reduce la capacidad fotosintética y provoca debilitamiento general del cultivo. En infestaciones severas puede generar pérdidas difíciles de cuantificar porque el daño se acumula gradualmente durante el ciclo productivo.

En segundo lugar aparece Drosophila suzukii, una mosca que ataca directamente la fruta. A diferencia de otras especies de drosófila que colonizan fruta sobremadura, esta puede ovipositar en fruta sana. Su impacto económico suele relacionarse con retrasos en cosecha o fallas en el manejo sanitario del cultivo.

Otra plaga relevante es el trips de las flores, particularmente Frankliniella occidentalis. Este insecto se vuelve problemático principalmente durante la floración, ya que su alimentación afecta la formación del fruto. El daño no siempre es visible en etapas tempranas, pero termina manifestándose en fruta deformada o con apariencia no comercial.

Un aspecto interesante es la presencia de mitos dentro de la producción agrícola. Un ejemplo es el supuesto “trips negro”, que durante cierto tiempo fue mencionado como una nueva plaga devastadora en zarzamora. Sin embargo, muchas veces estas percepciones se originan en observaciones incompletas o interpretaciones erróneas. La única forma confiable de identificar problemas reales es mediante observación directa del cultivo y aplicación del método científico.

El monitoreo constante es, por tanto, una práctica fundamental. La identificación correcta de síntomas permite descartar creencias populares y concentrarse en causas reales del problema.

En contraste con estas plagas visibles, los nemátodos suelen ser ignorados. Estos organismos microscópicos pueden encontrarse en el suelo asociado a las raíces, pero en zarzamora generalmente no alcanzan niveles que justifiquen un control. Aunque han sido detectados en algunos análisis, rara vez generan un daño económico significativo.

El manejo de plagas debe abordarse desde una estrategia amplia. El control químico suele ser el método más utilizado en la práctica diaria, pero existen otras alternativas que deberían tener mayor protagonismo.

Entre ellas destaca el control cultural. Este incluye prácticas como eliminar residuos de cultivo, retirar cañas viejas, mejorar ventilación y manejar adecuadamente los túneles. Por ejemplo, en el caso de la araña roja, una reducción temporal del microclima favorable puede disminuir su población.

Otra estrategia relevante es el control biológico, que consiste en utilizar enemigos naturales o microorganismos antagonistas para mantener bajo control a las plagas. Aunque es una alternativa más sustentable, todavía se utiliza muy poco en la producción comercial.

El control químico sigue siendo una herramienta importante, siempre que se utilice de manera racional. La clave está en anticiparse a la aparición de las plagas. Si se conoce la época del año en que cada organismo aparece, el manejo puede planearse de forma preventiva.

Por ejemplo, la araña roja suele intensificarse en invierno, mientras que el trips aparece con mayor fuerza a finales del invierno y principios de primavera. Drosophila suzukii, en cambio, tiene mayor incidencia durante periodos cálidos.

Aplicar insecticidas antes de que la población se dispare permite usar menores cantidades de producto y evitar daños severos en el cultivo. También es fundamental rotar moléculas químicas para prevenir el desarrollo de resistencia.

En el caso del trips, por ejemplo, algunos insecticidas neonicotinoides pueden utilizarse antes de la floración. Posteriormente deben sustituirse por otras moléculas que no afecten a los polinizadores. Esta práctica permite proteger a las abejas, que son esenciales para lograr una buena polinización y, por lo tanto, fruta de mayor tamaño y calidad.

Además de las plagas, las enfermedades también representan un problema importante. Entre las más comunes en zarzamora destacan botrytis, antracnosis y fusarium.

Botrytis suele provocar secado de botones florales o daño en frutos. Antracnosis aparece con frecuencia en las mismas condiciones que botrytis y afecta principalmente tallos y tejidos vegetativos. Fusarium, por su parte, está asociado a problemas radiculares.

Estas enfermedades suelen desarrollarse en ambientes cálidos y húmedos, condiciones que frecuentemente se encuentran en sistemas de producción bajo túnel. Cuando además existe un hospedero debilitado o con exceso de nitrógeno, el riesgo aumenta considerablemente.

El manejo de estas enfermedades también depende de la prevención. Detectar síntomas iniciales y actuar rápidamente puede evitar que el problema se extienda por toda la plantación. En algunos casos se utilizan fungicidas sistémicos aplicados mediante el sistema de riego por goteo para que la sustancia llegue directamente al sistema vascular de la planta.

Las malezas representan otro tipo de plaga con impacto económico potencial. En sistemas tecnificados se controla su crecimiento mediante acolchados y deshierbes manuales. Sin embargo, en sistemas menos intensivos pueden llegar a competir fuertemente con el cultivo.

Existen especies particularmente agresivas, como algunas trepadoras o la correhuela, que pueden cubrir las plantas e impedir su desarrollo. Cuando el control se retrasa demasiado, las plantas de zarzamora se debilitan y producen cañas pequeñas con baja productividad.

El manejo de malezas también puede apoyarse en principios de agricultura de conservación. Una estrategia consiste en utilizar rastrojos o coberturas vegetales que reduzcan la germinación de malezas y mejoren la estructura del suelo.

Esta visión conecta con un enfoque más amplio de agricultura sostenible. En lugar de depender exclusivamente de insumos externos, el objetivo es fortalecer el equilibrio biológico del sistema agrícola.

Muchos productores ya experimentan con microorganismos, fermentos y trampas elaboradas en la propia finca. Estas prácticas permiten reducir costos y mejorar la resiliencia del cultivo frente a plagas y enfermedades.

Un sistema agrícola equilibrado suele presentar una mayor diversidad microbiana en el suelo. Esta riqueza biológica puede limitar el desarrollo de patógenos agresivos. En algunos casos se ha observado que cultivos manejados con prácticas orgánicas presentan menor impacto de enfermedades como fusarium.

Finalmente, el manejo de plagas en monocultivos sigue siendo un reto importante. En regiones donde grandes superficies están dedicadas a zarzamora, la presión de plagas aumenta porque los organismos encuentran alimento disponible de manera continua.

En estos casos resulta especialmente relevante incorporar prácticas de conservación del suelo, diversificación del agroecosistema y reducción progresiva de la dependencia de insumos químicos. El objetivo no es eliminar completamente las plagas, sino mantenerlas en niveles que no generen pérdidas económicas significativas.