Episodio 220: Presentando Netafim con Oscar González

Presentando Netafim con Oscar González

Descarga mi plantilla gratuita…

Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La agricultura enfrenta un desafío creciente: producir más con menos recursos. En esta conversación con Oscar González, director general de Netafim México, se explora cómo el riego de precisión, la tecnificación agrícola y la innovación en el manejo del agua están transformando la forma en que se producen alimentos en México.

La trayectoria de Oscar González dentro de Netafim permite entender desde dentro cómo la tecnología puede cambiar la productividad agrícola. A partir de la experiencia de la empresa en microirrigación, optimización del agua y servicios técnicos especializados, se analiza el futuro del campo y las oportunidades que existen para los productores.

Escuchar la historia de Oscar González permite comprender cómo la tecnología agrícola se construye con experiencia acumulada en campo. Su carrera dentro de Netafim comenzó hace dos décadas como diseñador hidráulico. Con formación en ingeniería mecánica, inició calculando sistemas de riego y con el paso de los años ocupó diversos puestos técnicos y comerciales dentro de la empresa. Ese recorrido le permitió conocer el sector agrícola desde múltiples ángulos: diseño, ingeniería, ventas, desarrollo de negocios y dirección estratégica.

Ese camino refleja cómo funciona la innovación agrícola en la práctica. No surge únicamente desde laboratorios o centros de investigación, sino también desde el contacto constante con productores y problemas reales del campo.

La historia de Netafim ayuda a entender el origen del riego por goteo moderno. La empresa nació en 1965 en un kibbutz del sur de Israel, en un entorno agrícola extremadamente adverso. La escasez de agua obligó a desarrollar soluciones ingeniosas para mantener la producción. En ese contexto surgió el primer gotero agrícola diseñado para administrar agua de forma controlada directamente en la zona radicular de las plantas.

El descubrimiento fue casi accidental. Al aplicar agua en pequeñas cantidades de manera constante, se observó que las plantas crecían mejor que aquellas regadas con métodos tradicionales. Ese principio simple dio origen a una tecnología que cambiaría la agricultura moderna.

Con el paso del tiempo, la producción de goteros se industrializó y comenzó su expansión internacional. A principios de los años ochenta se establecieron las primeras subsidiarias fuera de Israel, y hacia finales de esa década comenzaron a introducirse sistemas de riego por goteo en México.

Los primeros proyectos documentados se realizaron en cultivos de melón en Colima. Posteriormente la tecnología se expandió a otros cultivos y regiones. En 1994 se fundó formalmente Netafim México, consolidando una presencia que hoy supera varias décadas.

La adopción inicial no fue sencilla. Durante muchos años el reto consistió en convencer a productores acostumbrados a métodos tradicionales como el riego por inundación o gravedad. Incluso en regiones agrícolas muy desarrolladas existía resistencia a cambiar prácticas históricas.

Con el tiempo los resultados comenzaron a hablar por sí mismos. En cultivos hortícolas de alto valor, el riego por goteo terminó convirtiéndose prácticamente en el estándar productivo. Hoy resulta difícil imaginar la producción moderna de hortalizas sin sistemas de microirrigación.

Una de las ideas más interesantes que surge de la conversación es la forma en que se interpreta la escasez de agua. A menudo se habla de falta de agua como el problema principal. Sin embargo, desde una perspectiva técnica el verdadero desafío suele ser el uso ineficiente del recurso.

En muchos sistemas de riego por inundación, apenas alrededor del 45% del agua aplicada termina siendo aprovechada por el cultivo. El resto se pierde por evaporación, escurrimiento o infiltración profunda. En contraste, los sistemas de riego por goteo pueden alcanzar eficiencias cercanas al 95–98%.

La diferencia es enorme.

Además de ahorrar agua, la microirrigación modifica completamente el ambiente de la raíz. Cuando se aplica demasiada agua mediante inundación, el suelo se satura y el oxígeno desaparece temporalmente de la zona radicular. Las raíces se estresan y disminuye la actividad fisiológica de la planta.

En cambio, el riego por goteo permite mantener el suelo cerca de la capacidad de campo, donde coexisten agua y aire en equilibrio. Esto crea condiciones mucho más favorables para el crecimiento vegetal.

Otro beneficio importante está relacionado con la fertilización. En sistemas tradicionales muchos nutrientes se lixivian y terminan fuera del área de cultivo. Con la fertirrigación, los fertilizantes se aplican en dosis precisas directamente donde la planta los necesita.

El impacto agronómico de esta precisión puede ser notable.

Existen ejemplos concretos de incrementos en productividad. En Sinaloa, la producción promedio de maíz ronda las 10.6 toneladas por hectárea. Con sistemas de riego tecnificado y manejo adecuado se han alcanzado rendimientos cercanos a 16 toneladas, e incluso casos superiores a 18 toneladas por hectárea.

En caña de azúcar también se han observado cambios significativos. En regiones donde el promedio nacional se sitúa cerca de 60 toneladas por hectárea, algunos productores han alcanzado rendimientos cercanos a 200 toneladas mediante el uso adecuado de riego tecnificado y manejo agronómico integral.

Estos resultados ilustran un punto clave: el riego por goteo no actúa de forma aislada. Su verdadero potencial aparece cuando se combina con buenas prácticas agrícolas, fertilización adecuada, selección de semillas y manejo técnico del cultivo.

Desde una perspectiva económica, la adopción de estas tecnologías depende mucho del tipo de cultivo. En cultivos de alto valor como berries, hortalizas o aguacate, el riego por goteo es prácticamente indispensable. En cultivos extensivos la decisión suele evaluarse con mayor cuidado debido a la relación entre inversión y retorno.

Sin embargo, incluso en estos cultivos existen oportunidades importantes cuando el sistema se diseña correctamente.

Una característica distintiva de Netafim ha sido su enfoque en el acompañamiento técnico. La empresa no se limita a vender productos; también ofrece asesoría agronómica, diseño de sistemas y soporte operativo.

Este enfoque se refleja en tres modelos de servicio. El primero consiste en pólizas anuales de asesoría técnica que incluyen visitas y seguimiento del proyecto. El segundo modelo es operación y mantenimiento, donde especialistas se encargan de gestionar el sistema de riego del productor.

El tercero, llamado Irrigation as a Service, representa un enfoque aún más innovador. En este esquema el productor no necesita realizar la inversión inicial en infraestructura. La empresa instala el sistema y lo opera como parte de un servicio continuo.

Este tipo de modelos busca reducir una de las principales barreras para la adopción tecnológica: el costo inicial.

La conversación también aborda el panorama general de la agricultura mexicana. A pesar de los desafíos, existe una visión optimista sobre el futuro del sector.

México posee una fuerte vocación agrícola y destaca como uno de los principales exportadores de diversos productos, incluyendo tomate fresco. La combinación de condiciones climáticas favorables, experiencia productiva y acceso a tecnología avanzada genera un entorno con grandes oportunidades de crecimiento.

Sin embargo, los retos globales son claros. Para el año 2050 la población mundial podría acercarse a los diez mil millones de personas. La cantidad de tierra cultivable y agua disponible no aumentará al mismo ritmo.

Esto obliga a incrementar la productividad por unidad de superficie.

En ese contexto, la innovación agrícola adquiere un papel central. Nuevas tecnologías en filtración, emisores de riego, sistemas digitales de monitoreo y herramientas de agricultura digital están transformando la forma de manejar los cultivos.

Empresas especializadas continúan desarrollando nuevos productos cada año. Entre las innovaciones recientes se encuentran sistemas de filtración más compactos, emisores de alta precisión y soluciones para agricultura digital que integran datos, sensores y manejo automatizado del riego.

Pero más allá de la tecnología, el futuro del sector depende también del talento humano.

Para quienes estudian ingeniería agronómica o carreras relacionadas, el mensaje es claro: la agricultura moderna requiere profesionales con visión integral. No basta con comprender el manejo de cultivos; también es necesario entender economía agrícola, cadenas de valor, innovación tecnológica y modelos de negocio.

La combinación de conocimientos técnicos y visión empresarial se vuelve cada vez más importante.

Después de todo, la agricultura no solo produce alimentos. También sostiene economías rurales, impulsa exportaciones y contribuye a la estabilidad social.

En última instancia, el desafío consiste en producir más alimentos utilizando menos recursos, especialmente agua. La tecnificación del riego aparece como una de las herramientas más poderosas para lograrlo.

El campo mexicano enfrenta desafíos importantes, pero también cuenta con tecnología, conocimiento y talento para enfrentarlos. El futuro dependerá de qué tan rápido se adopten esas herramientas y de la capacidad del sector para integrarlas de forma inteligente en la producción agrícola.