La producción moderna de arándano exige entender cada etapa del cultivo. En esta conversación, Edgar Roldán explica cómo manejar un ciclo completo, desde la preparación del suelo hasta la cosecha. Se revisan decisiones técnicas clave como riego, fertilización y densidad de plantación, elementos que determinan productividad y calidad comercial.
A lo largo del análisis, Edgar Roldán comparte criterios prácticos aplicados en campo en Michoacán. Se examinan rendimientos esperados, manejo del crecimiento vegetativo y estrategias para lograr buen calibre de fruta. También se detallan momentos críticos del ciclo productivo que influyen directamente en la rentabilidad del cultivo.
La producción de arándano comienza mucho antes de plantar. El primer paso es asegurar disponibilidad y calidad de agua, además de elegir un terreno donde las heladas no representen un riesgo constante. Después se realiza un trabajo intensivo de preparación del suelo. Edgar recomienda varios pasos de rastra y subsuelo para dejar el terreno bien mullido y eliminar plagas como la tuza, que puede destruir plantas completas al alimentarse de raíces.
Posteriormente se forman camas elevadas de aproximadamente 60 centímetros de altura. Estas camas permiten mantener buen drenaje y aireación, dos condiciones fundamentales porque el arándano es extremadamente sensible al exceso de humedad en la raíz. Cuando el suelo se encharca aparecen enfermedades fungosas que provocan pérdidas importantes.
Las camas suelen tener alrededor de dos metros de ancho y posteriormente se instala el sistema de riego. Este punto es crítico porque la nutrición y el manejo hídrico del arándano dependen totalmente de la precisión del riego. Después se coloca el acolchado plástico. Edgar prefiere materiales de calibre grueso, entre 180 y 200, porque pueden durar cerca de cinco años si se manejan adecuadamente.
El color del plástico depende del clima. En zonas frías se utiliza negro para conservar temperatura en la raíz. En zonas cálidas se usa blanco para reflejar radiación y evitar calentamiento excesivo del suelo. Este tipo de decisiones influyen directamente en el desarrollo radicular.
Una vez preparado el terreno se realiza la desinfección del suelo. Edgar utiliza combinaciones de peróxido de hidrógeno y ácido peracético, además de fungicidas como ridomil aplicados a través del sistema de riego. Este manejo busca reducir patógenos antes de que las plantas comiencen a establecerse.
Antes de plantar también se hace una inmersión de las plantas en una solución con fungicida y enraizador. Las plantas se sumergen durante unos minutos para protegerlas y estimular el desarrollo radicular inicial.
Un punto clave es el origen del material vegetal. Edgar recomienda planta producida in vitro y certificada, aunque sea más costosa. Las plantas obtenidas por esqueje suelen presentar más mortalidad y mayor presencia de enfermedades, lo que termina generando pérdidas en el establecimiento del cultivo.
En cuanto a densidad de plantación, la recomendación actual es mayor separación que en el pasado. Hace algunos años se plantaba a 50 centímetros entre plantas, pero la experiencia mostró que los arbustos crecen demasiado y se requieren más espacios. Hoy se recomienda entre 70 y 80 centímetros entre plantas y aproximadamente 2.20 metros entre camas.
Después de plantar comienza el proceso de enraizamiento. Durante el primer mes se aplican enraizadores semanalmente mediante aplicaciones dirigidas a la base de la planta. Paralelamente se monitorea el crecimiento radicular extrayendo algunas plantas para evaluar el desarrollo de raíces.
La fertilización inicia prácticamente desde el establecimiento. Se utilizan fertilizantes que favorezcan un pH ácido cercano a 5, condición ideal para el cultivo. Entre las fuentes utilizadas se encuentran MAP, sulfato de amonio, sulfato de zinc y sulfato ferroso.
El monitoreo de pH y conductividad se realiza semanalmente mediante un gotero espía, que permite recoger agua de riego y analizarla directamente. Si el agua tiene pH elevado se corrige comúnmente con ácido sulfúrico, una opción económica y eficiente para acidificar la solución nutritiva.
Durante la fase vegetativa se mantiene una fertilización relativamente constante durante varios meses. Edgar observa el vigor de la planta para evaluar si la nutrición es adecuada. Hojas grandes, brillosas y con buen desarrollo indican que la planta está en condiciones óptimas.
También se busca estimular la aparición de brotes basales llamados chupones. Estos brotes son fundamentales porque formarán la estructura productiva del arbusto en los años siguientes. Un buen objetivo es lograr al menos cinco o siete tallos vigorosos por planta.
En esta etapa también se realizan podas ligeras de limpieza y formación. Se eliminan ramas débiles o rastreras que consumen energía sin aportar producción significativa.
Entre los principales problemas fitosanitarios aparece la roya. Por ello se realizan aplicaciones preventivas de fungicidas durante el desarrollo vegetativo. También pueden presentarse plagas como trips, especialmente en etapas cercanas a la floración.
Cuando la planta alcanza entre cinco y seis meses de desarrollo comienza naturalmente la diferenciación floral. En este momento se modifica el manejo nutricional. El nitrógeno se reduce considerablemente mientras se incrementan fósforo y potasio para favorecer la formación de flores.
También se reduce el riego para generar cierto estrés hídrico. Este estrés controlado ayuda a inducir la floración. En algunas estrategias se reduce hasta un 50% del volumen de agua.
La floración suele comenzar hacia finales de octubre o noviembre en la zona de Los Reyes. La meta es concentrar la mayor parte de la floración durante noviembre para iniciar cosecha a finales de enero.
El desarrollo de la fruta toma aproximadamente 70 días desde la floración hasta la cosecha. Durante el crecimiento del fruto se incrementa nuevamente el riego porque la fruta está compuesta principalmente por agua. También se vuelve a aumentar el nitrógeno para favorecer el tamaño del fruto.
En esta fase también pueden utilizarse reguladores de crecimiento como ácido giberélico y citoquininas, que ayudan a mejorar calibre y desarrollo del fruto.
Un aspecto fundamental es la polinización. Las abejas son responsables de asegurar un buen cuajado y tamaño del fruto. Por esta razón las aplicaciones fitosanitarias durante floración se realizan temprano por la mañana o al atardecer para evitar afectar la actividad de los polinizadores.
El calendario productivo busca que el pico de producción ocurra en marzo. En ese momento México tiene una ventaja comercial porque Estados Unidos aún no inicia su cosecha. Esto permite alcanzar precios altos en el mercado.
La cosecha puede extenderse desde finales de enero hasta mayo o incluso junio dependiendo del clima y del mercado. Sin embargo, cuando Estados Unidos entra en producción los precios suelen caer drásticamente.
Al terminar la cosecha se realiza un periodo corto con solo riego para reducir costos y permitir que la planta se recupere. Después se aplican fungicidas e insecticidas antes de la poda.
La poda se realiza generalmente entre mayo y junio. Dependiendo de la edad de la planta se pueden hacer podas más o menos agresivas. En plantas viejas se podan ramas más abajo para renovar el arbusto.
Los cortes se sellan con cobre o mezclas de pintura con sulfato de cobre para evitar infecciones. Aproximadamente dos semanas después de la poda comienzan a brotar nuevamente los tallos.
De esta manera inicia un nuevo ciclo productivo. Edgar insiste en que el éxito del cultivo depende de una buena asesoría técnica. Muchos proyectos fracasan porque los productores subestiman la complejidad del manejo del arándano y no siguen recomendaciones especializadas.

