Episodio 241: Uso correcto de calefactores en la agricultura con Bernardo Casillas

Uso correcto de calefactores en la agricultura con Bernardo Casillas

Descarga mi plantilla gratuita…

Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La calefacción agrícola, la protección contra heladas y el manejo del microclima en invernaderos se han convertido en factores decisivos para mantener la producción durante los meses fríos. En esta conversación, Bernardo Casillas explica cómo funcionan los calefactores agrícolas modernos y qué criterios determinan si realmente protegen un cultivo o solo generan gastos innecesarios.

A partir de su experiencia en Santini Burners y Control de Flamas, se explora el diseño de equipos, los errores más comunes en campo y las decisiones técnicas que influyen en el rendimiento de un sistema de calefacción. El enfoque es práctico: proteger cultivos, mantener productividad y evitar pérdidas por heladas.

La calefacción en agricultura protegida no es un lujo ni un accesorio; es una herramienta para controlar el ambiente productivo. Cuando el frío se intensifica, la diferencia entre perder una cosecha o mantener la producción depende en gran medida de cómo se gestiona la temperatura dentro del invernadero o del macrotúnel.

Bernardo Casillas dedica su trabajo al diseño y fabricación de equipos de combustión para uso agroindustrial. Aunque su formación original fue en mercadotecnia, su experiencia está ligada a una empresa familiar especializada en sistemas de control contra falla de flama. Ese conocimiento técnico sobre combustión, seguridad y manejo del fuego fue el punto de partida para desarrollar calefactores destinados al sector agrícola.

El origen de esta línea de equipos surge cuando productores sugieren explorar los calefactores utilizados en ranchos agrícolas. Para comprenderlos, se compraron modelos internacionales y se desmontaron completamente. El objetivo era entender su diseño, analizar cada componente y descubrir cómo podían mejorarse con la experiencia previa en quemadores industriales. Ese proceso permitió desarrollar los primeros equipos propios.

El resultado fue un calefactor de gran capacidad térmica que combina alta potencia calórica con movimiento eficiente de aire. En los sistemas de calefacción agrícola no basta con generar calor; es indispensable distribuirlo. Si el aire caliente no se desplaza por todo el invernadero, se crean zonas de estrés térmico para las plantas.

Este punto es fundamental. Uno de los errores más frecuentes en campo consiste en instalar equipos con poca capacidad de ventilación. El calor se concentra cerca del calefactor y deja zonas frías lejos del equipo. Para el cultivo esto significa un ambiente irregular donde algunas plantas sufren calor excesivo mientras otras permanecen expuestas al frío.

Por eso, cuando se analiza un proyecto de calefacción, el primer aspecto que se evalúa es el objetivo del productor. No es lo mismo calentar un invernadero para que la planta continúe en floración que hacerlo solo para evitar que muera durante una helada. El nivel de protección que se busca determina el número de equipos necesarios.

El segundo factor clave es la estructura del invernadero. La hermeticidad define cuánta energía será necesaria para mantener la temperatura. Un invernadero con doble capa de plástico o con sistemas inflables retiene mejor el calor. En cambio, si el calor se escapa por ventilaciones o ventanas cenitales, cualquier sistema de calefacción se vuelve ineficiente.

El tercer elemento es el clima histórico de la zona. La intensidad y duración de las heladas varía mucho entre regiones. Instalar un sistema para una zona templada no es lo mismo que hacerlo en áreas donde las temperaturas bajo cero pueden durar varias horas.

Además del uso en invernaderos, la calefacción también puede aplicarse en macrotúneles, especialmente en cultivos de berries. En estas estructuras la estrategia es distinta porque no existe la misma hermeticidad. En lugar de calentar un espacio cerrado, el objetivo es mantener la temperatura inicial cuando se pronostica una helada.

Para lograrlo se desarrolló un sistema móvil montado sobre un remolque. Este equipo contiene calefactores, tanque de gas y generador eléctrico, lo que permite recorrer los macrotúneles mientras inyecta aire caliente. El remolque avanza lentamente alrededor de los túneles y repite el recorrido cada cierto tiempo para evitar que la temperatura descienda.

El sistema funciona como una medida preventiva. Si el equipo se activa cuando la temperatura aún es ligeramente superior a cero, puede mantener ese nivel durante toda la helada. Pero si el cultivo ya se encuentra bajo temperaturas negativas, la recuperación se vuelve mucho más difícil.

Un solo remolque puede cubrir varias hectáreas de macrotúneles siempre que el circuito esté bien diseñado. La clave está en recorrer el área completa en intervalos regulares, manteniendo un flujo constante de aire caliente.

Con el tiempo, este equipo se adaptó para tener otros usos. Durante épocas cálidas puede emplearse como sistema de inyección de humedad o como plataforma para aplicaciones foliares. Al aprovechar el movimiento de aire generado por los ventiladores, el equipo distribuye pequeñas gotas de agua o soluciones nutritivas dentro de los túneles.

En el manejo de calefactores agrícolas también existen errores técnicos relacionados con la instalación. Uno de los más comunes aparece en las líneas de gas. Cuando los tubos se arrastran durante la instalación, pueden introducirse piedras o residuos que posteriormente bloquean las válvulas de los equipos.

Otro error frecuente es subestimar el número de calefactores necesarios. Algunos productores intentan reducir costos instalando menos equipos de los recomendados. Sin embargo, cuando llega una helada fuerte, la capacidad instalada no es suficiente y el cultivo queda expuesto.

El uso correcto de la calefacción puede marcar diferencias importantes en la producción. Un ejemplo ocurre en invernaderos hidropónicos de fresas donde se decidió instalar sistemas fabricados localmente en lugar de equipos importados. La ventaja principal fue contar con refacciones disponibles y servicio técnico inmediato.

Este aspecto revela una de las principales dificultades de muchos sistemas extranjeros. Cuando una pieza electrónica falla, el productor puede esperar semanas para recibir el reemplazo. Durante ese tiempo el sistema queda inactivo y el riesgo para el cultivo aumenta.

Los equipos desarrollados localmente buscan resolver ese problema. Al fabricarse en el país, las refacciones y el mantenimiento están disponibles con mayor rapidez. Además, el servicio técnico puede realizarse directamente en campo cuando se trata de los equipos propios.

En cuanto al futuro de la calefacción agrícola, se observan varias tendencias. Una de ellas es el crecimiento de los sistemas de calefacción por agua caliente en invernaderos de alta tecnología. Estos utilizan calderas y tuberías que distribuyen calor radiante.

Otra tendencia es la calefacción por manga, donde el aire caliente circula a través de ductos plásticos perforados que lo distribuyen uniformemente dentro del invernadero. Este sistema requiere equipos especiales para evitar que los gases de combustión entren en contacto con el plástico.

A pesar de estas innovaciones, la calefacción por aire directo sigue siendo ampliamente utilizada. Cuando la combustión está bien diseñada, produce muy poco monóxido de carbono y puede operar de forma segura dentro del invernadero.

En la mayoría de los casos los calefactores funcionan con gas LP o gas natural. Los combustibles líquidos como diésel o combustóleo están perdiendo relevancia debido a su combustión más sucia y a los residuos que generan.

Un aspecto interesante es que la combustión también produce dióxido de carbono. En ciertos sistemas este gas puede aprovecharse para enriquecer el ambiente del invernadero y estimular la fotosíntesis.

Al final, el mensaje central es claro. La calefacción agrícola debe verse como una inversión estratégica. No se trata solo de comprar un equipo; se trata de diseñar un sistema que realmente proteja el cultivo.

Elegir equipos adecuados, instalarlos correctamente y calcular la capacidad necesaria puede significar la diferencia entre un invierno productivo y una pérdida total de la cosecha. En agricultura protegida, controlar la temperatura equivale a proteger la producción.