Episodio 248: Innovación en el riego de precisión en 2022 con Antonio Belmonte

Innovación en el riego de precisión en 2022 con Antonio Belmonte

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El futuro del agua en la agricultura depende de innovación tecnológica, eficiencia productiva y decisiones informadas. En esta conversación, Antonio Belmonte explica cómo el riego de precisión, impulsado por empresas como Netafim, está transformando la forma en que se aplican agua y nutrientes para producir más alimentos con menos recursos.

A partir de la experiencia de Antonio Belmonte en Netafim, se analiza el papel de la agricultura 4.0, la gestión del conocimiento y el acceso a capital para acelerar la adopción de tecnologías de riego. El enfoque es claro: producir alimentos con mayor productividad mientras se reduce la presión sobre el agua y la tierra.

Antonio Belmonte se define como un ingeniero apasionado por encontrar respuestas a problemas complejos. Su formación como ingeniero aeroespacial lo llevó a desarrollar una mentalidad orientada al análisis y la búsqueda de soluciones. Aunque su carrera comenzó lejos del sector agrícola, esa misma curiosidad lo llevó a involucrarse en la gestión estratégica y el desarrollo tecnológico dentro de industrias avanzadas, hasta llegar al ámbito del riego de precisión.

Durante más de dos décadas viviendo en México, Antonio ha trabajado en sectores relacionados con tecnología y manufactura avanzada. Su motivación central es impulsar una agricultura más productiva y sustentable, capaz de enfrentar dos retos fundamentales: la escasez de agua y la disminución de recursos productivos. La meta es clara: producir más alimentos utilizando menos recursos naturales.

Para comprender la innovación en este sector, Antonio propone empezar por entender qué significa innovar. La innovación no es únicamente desarrollar nuevas tecnologías; es una respuesta natural del ser humano frente a problemas y necesidades cambiantes. Desde esta perspectiva, innovar consiste en mejorar continuamente los sistemas existentes para resolver desafíos cada vez más complejos.

En el caso del riego agrícola, muchas personas confunden el riego de precisión con el riego por goteo. Antonio aclara que no son lo mismo. El riego por goteo es simplemente una herramienta tecnológica, mientras que el riego de precisión implica algo mucho más amplio: aplicar agua y nutrientes en el momento correcto, en la cantidad exacta y en el lugar adecuado para la planta.

Esto significa que un sistema de goteo no necesariamente es un sistema de riego de precisión si no está acompañado por conocimiento, planificación y control. Un productor puede tener cintilla instalada en su parcela, pero si riega de forma esporádica o sin considerar las necesidades del cultivo, no está utilizando riego de precisión.

El objetivo del riego, en términos agronómicos, es reponer el agua que el suelo pierde debido a la evaporación y a la transpiración de las plantas. Este proceso se conoce como evapotranspiración. Por ello, la gestión del riego debe considerar variables como clima, suelo, cultivo y precipitación.

El riego de precisión busca optimizar este proceso mediante sistemas que integran información y tecnología. En estos sistemas intervienen diversos componentes: goteros especializados, tuberías, filtros, válvulas automáticas, sensores de humedad, medidores de flujo, estaciones meteorológicas y sistemas de control digital. Todos estos elementos se conectan a controladores que permiten monitorear el sistema y tomar decisiones más precisas.

Gracias a esta integración tecnológica, el riego de precisión no solo permite ahorrar agua, sino también mejorar el rendimiento de los cultivos y optimizar la aplicación de fertilizantes mediante el fertirriego, que consiste en suministrar nutrientes junto con el agua.

Cuando se analiza el futuro del riego agrícola, Antonio considera poco probable que aparezca un método completamente nuevo que sustituya a los sistemas actuales. En cambio, el futuro se construirá sobre la mejora continua de los componentes existentes.

Desde su perspectiva, la innovación en riego se desarrollará principalmente en tres grandes ejes.

El primero es el avance tecnológico. Los componentes de los sistemas de riego continuarán mejorando en calidad, eficiencia y durabilidad. También se integrarán cada vez más herramientas digitales, sensores y sistemas de análisis de datos que permitirán tomar decisiones basadas en información precisa.

En este contexto aparece la llamada agricultura 4.0, que incorpora tecnologías como sensores remotos, análisis de datos, automatización y sistemas digitales para optimizar la producción agrícola. Estas herramientas también facilitan la trazabilidad de los productos y permiten a los consumidores conocer el impacto ambiental de los alimentos que consumen.

El segundo eje es la gestión del conocimiento. La tecnología por sí sola no genera cambios si los productores no saben cómo utilizarla. Por ello, uno de los grandes desafíos es mejorar los mecanismos de capacitación, comunicación y transferencia de conocimiento hacia los agricultores.

Esto implica desarrollar estrategias para atraer a jóvenes al sector agrícola, fortalecer los programas de formación técnica y generar procesos más eficientes para compartir conocimiento científico y tecnológico con los productores.

El tercer eje es el acceso al capital. Muchas tecnologías agrícolas ya existen, pero no todos los productores pueden invertir en ellas. La innovación también debe enfocarse en desarrollar nuevos mecanismos de financiamiento que permitan a más agricultores adoptar soluciones tecnológicas.

Antonio también aborda el concepto de huella hídrica, un indicador que mide la cantidad total de agua utilizada para producir un bien o servicio. Este concepto incluye tres tipos de agua.

El agua azul corresponde al agua disponible en ríos, presas o acuíferos.

El agua verde es la humedad que permanece en el suelo después de las lluvias.

El agua gris es el volumen de agua necesario para diluir o limpiar contaminantes generados durante los procesos productivos.

Comprender estos componentes permite tomar decisiones más conscientes sobre el uso del agua. Por ejemplo, producir un par de jeans puede requerir alrededor de 14 000 litros de agua, mientras que una simple rebanada de pan puede implicar cerca de 80 litros.

Este tipo de información ayuda a generar mayor conciencia sobre la importancia de utilizar el agua de manera eficiente.

En el caso de México, la situación del agua es particularmente relevante. Aproximadamente 76 % del agua disponible se utiliza en la agricultura, lo que convierte al sector agrícola en el principal consumidor del recurso hídrico.

Sin embargo, solo una parte limitada de la superficie agrícola cuenta con sistemas de riego. De las aproximadamente 21 millones de hectáreas que se siembran cada año en el país, apenas seis millones son de riego y el resto dependen de la lluvia.

Además, dentro de las áreas que sí cuentan con riego, el método predominante sigue siendo el riego por inundación, que representa cerca del 77 % de la superficie irrigada. Este sistema tiene eficiencias muy bajas en el uso del agua.

El panorama se vuelve más complejo si se considera que la disponibilidad de agua por persona ha disminuido drásticamente en las últimas décadas. Mientras que a mediados del siglo pasado había más de 11 000 metros cúbicos de agua por habitante, actualmente la cifra ronda los 3 500 metros cúbicos.

Frente a este contexto, la adopción de tecnologías de riego más eficientes se vuelve indispensable para garantizar la producción de alimentos en el futuro.

En cuanto a los procesos de innovación dentro de empresas como Netafim, Antonio explica que existen tres elementos fundamentales.

El primero es asumir la responsabilidad de impulsar la adopción de soluciones que permitan producir más alimentos con menos recursos.

El segundo es mantener una cultura organizacional centrada en la innovación, donde los colaboradores estén comprometidos con generar impacto y mejorar continuamente.

El tercero es invertir de forma constante en investigación y desarrollo para crear nuevas tecnologías, modelos de negocio y métodos de fabricación.

Finalmente, Antonio reflexiona sobre los grandes retos que enfrenta la agricultura mundial. La población global ha crecido de manera acelerada y se espera que la demanda de alimentos continúe aumentando en las próximas décadas.

Para el año 2050, la producción de alimentos deberá crecer entre 60 % y 80 % para alimentar a la población mundial, mientras que al mismo tiempo se exige reducir el impacto ambiental de la agricultura.

Este desafío solo podrá enfrentarse mediante una agricultura basada en ciencia, tecnología y conocimiento. La adopción de tecnologías como el riego de precisión será clave para garantizar que las futuras generaciones tengan acceso a alimentos suficientes sin comprometer los recursos naturales del planeta.