Episodio 249: Situación actual de la zarzamora en Los Reyes, Michoacán

Situación actual de la zarzamora en Los Reyes, Michoacán

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La crisis productiva de la zarzamora, el impacto de las enfermedades del suelo y la necesidad de repensar los sistemas agrícolas intensivos aparecen con claridad cuando se observa lo que sucede en Los Reyes, Michoacán. En esta conversación, Ángel Rebollar Albiter analiza cómo un cultivo exitoso puede enfrentar problemas estructurales si se descuida el manejo agronómico.

El análisis muestra cómo el monocultivo prolongado, la falta de manejo del suelo y la presión de patógenos especializados terminan afectando la productividad. A partir de la experiencia investigada por Ángel Rebollar Albiter en Universidad Autónoma Chapingo, se revisan causas, aprendizajes y posibles caminos para la recuperación del cultivo.

La historia reciente de la zarzamora en Los Reyes, Michoacán, permite entender cómo un cultivo altamente rentable puede enfrentar dificultades profundas cuando el manejo productivo no evoluciona al mismo ritmo que su expansión. Durante años, la región fue considerada la capital mundial de este fruto, impulsada por la fuerte demanda internacional y por los precios atractivos del mercado de exportación.

Cuando llegué a la región hace algunos años, el cultivo se encontraba en pleno auge. Prácticamente todos querían sembrar zarzamora. Las condiciones económicas lo favorecían: la mayor parte de la producción se exporta a Estados Unidos y se paga en dólares, lo que generaba márgenes interesantes para los productores. Ese atractivo provocó que la superficie cultivada creciera rápidamente y que incluso los precios de renta de las tierras agrícolas aumentaran de forma significativa.

Hubo momentos en que la renta de una hectárea alcanzaba entre 60 mil y 70 mil pesos anuales, cifras muy superiores a las que tradicionalmente se pagaban en la zona. Este fenómeno mostró hasta qué punto la zarzamora se había convertido en un cultivo dominante en la región.

Sin embargo, ese crecimiento acelerado también trajo consecuencias. El principal problema fue la consolidación de un sistema productivo basado en el monocultivo, donde prácticamente todo el entorno agrícola giraba alrededor de la misma especie.

Cuando un cultivo domina una región completa, el manejo sanitario se vuelve más complicado. Aunque un productor aplique un manejo adecuado, la presencia de parcelas vecinas con prácticas diferentes facilita que plagas y enfermedades vuelvan a aparecer constantemente. Las plagas se desplazan fácilmente entre huertas cercanas, lo que dificulta mantener un control efectivo.

Este contexto genera una reacción común en muchos sistemas agrícolas: aumentar la cantidad de pesticidas o cambiar constantemente de productos para intentar resolver los problemas sanitarios. El resultado suele ser contraproducente. Aparece resistencia en las plagas, se incrementa el uso de agroquímicos y se generan efectos negativos en el suelo y en organismos benéficos como los polinizadores.

Paralelamente, otro problema fue desarrollándose de manera silenciosa: el agotamiento progresivo del suelo.

La zarzamora es un cultivo particular. Aunque la parte aérea se renueva cada temporada mediante poda, el sistema radicular permanece en el suelo durante varios años. En algunos casos, las plantaciones pueden permanecer entre cinco y diez años en el mismo sitio, e incluso existen huertas con periodos más largos.

Esta característica genera una presión considerable sobre el suelo. Si durante ese tiempo no se aplican enmiendas ni estrategias para recuperar la fertilidad, el suelo termina perdiendo equilibrio. En la región hubo muchas huertas donde durante años no se restituyeron adecuadamente los nutrientes extraídos por las plantas.

El deterioro del suelo no se limita únicamente a la pérdida de nutrientes. También ocurre un desequilibrio en la microbiología del suelo. Cuando la materia orgánica disminuye y se acumulan ciertos fertilizantes o pesticidas, la rizósfera pierde estabilidad. En ese escenario, los microorganismos benéficos se reducen y los patógenos encuentran condiciones favorables para desarrollarse.

Fue precisamente en ese contexto donde comenzaron a aparecer con mayor intensidad enfermedades del suelo. Entre ellas destacó Fusarium oxysporum, un patógeno que terminó provocando lo que hoy se conoce como la marchitez de la zarzamora.

Las consecuencias fueron visibles en muchas huertas de la región. Plantaciones completas comenzaron a marchitarse y perder productividad. En el campo se utiliza una expresión clara para describir este fenómeno: las huertas “se fundieron”.

El impacto fue considerable. En algunos casos las parcelas afectadas fueron sustituidas por otros cultivos, como maíz, lo que reflejaba la magnitud del problema. Se estima que entre 3,000 y 4,000 hectáreas pudieron haberse perdido en la región a causa de esta problemática.

Para entender mejor este proceso resulta importante escuchar el análisis de Ángel Rebollar Albiter, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo que ha estudiado este fenómeno durante más de una década.

Según explica, los primeros indicios del problema comenzaron a observarse alrededor de 2009 y 2010. En aquel momento la atención estaba enfocada en otras enfermedades, como la peronospora, por lo que los síntomas iniciales no recibieron suficiente atención.

Con el paso del tiempo se volvió evidente que se trataba de un problema distinto y mucho más grave. Entre 2011 y 2014 el fenómeno comenzó a expandirse rápidamente, causando pérdidas importantes en las plantaciones.

Uno de los factores que contribuyó a esta situación fue la dependencia de una sola variedad dominante. Durante muchos años gran parte de las plantaciones se establecieron con la variedad Tupi. Tener una única base genética en miles de hectáreas aumenta considerablemente la vulnerabilidad frente a enfermedades.

Además, el uso prolongado de la misma planta en el mismo lugar favorece que los patógenos del suelo se adapten y aumenten su presión sobre el cultivo. Con el tiempo, el suelo se compacta, disminuye la infiltración de agua y se reduce el oxígeno disponible en la zona radicular.

También se identificaron problemas relacionados con la producción de plantas en viveros sin suficiente control sanitario. La falta de certificación en algunos casos pudo facilitar la dispersión del patógeno hacia nuevas áreas productivas.

Frente a esta situación, los investigadores comenzaron a estudiar el problema desde distintos enfoques. Primero se confirmó la identidad del patógeno mediante estudios moleculares. Posteriormente se realizaron pruebas para determinar su rango de hospederos.

Los resultados fueron interesantes. Al inocular distintas especies como chile, tomate, fresa y frambuesa, se observó que el patógeno afectaba de manera específica a las zarzamoras. Esta característica llevó a clasificarlo como una forma especializada del patógeno, adaptada particularmente a este cultivo.

El trabajo científico permitió avanzar en el entendimiento del problema y diseñar estrategias de manejo. Sin embargo, el proceso fue gradual. Al inicio había poca investigación académica enfocada en la sanidad de cultivos de berries, por lo que fue necesario generar información desde aspectos muy básicos.

Con financiamiento de diferentes instituciones se desarrollaron proyectos que involucraron a estudiantes e investigadores en diversas líneas de estudio. Se analizaron aspectos de dispersión, manejo en campo, estrategias de prevención y posibles alternativas varietales.

En los últimos años algunos indicadores sugieren una posible recuperación del cultivo. La aparición de nuevas variedades comerciales desarrolladas por distintas empresas ha contribuido a diversificar el material vegetal disponible.

Actualmente existen muchas más opciones genéticas que en el pasado. Esta diversificación puede ayudar a reducir la presión de enfermedades y ofrecer alternativas para renovar plantaciones afectadas.

Sin embargo, el aprendizaje más importante que deja esta experiencia es que los sistemas agrícolas intensivos requieren una visión de largo plazo. La rentabilidad inmediata no debe desplazar el manejo sustentable del suelo ni la diversidad genética de los cultivos.

El caso de Los Reyes muestra con claridad que la productividad depende tanto de la tecnología como del equilibrio ecológico del sistema agrícola.

También recuerda que las crisis fitosanitarias son parte natural de los sistemas agrícolas. Nuevos patógenos o nuevas variantes pueden surgir en cualquier momento, especialmente cuando existe una fuerte presión productiva.

Por esa razón es fundamental mantener vigilancia constante, diversificar variedades, mejorar el manejo del suelo y fortalecer la investigación científica.

La historia reciente de la zarzamora en Michoacán no solo explica una crisis productiva. También funciona como un caso de aprendizaje agrícola, donde la experiencia acumulada puede ayudar a prevenir problemas similares en otros cultivos y regiones.