Episodio 257: Rastrear productos agrícolas hasta su origen

Rastrear productos agrícolas hasta su origen
Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo

Entender el origen de los alimentos ya no es un lujo, es una exigencia. La conversación gira en torno a la trazabilidad agrícola, la transparencia en la cadena y el valor de la información para tomar decisiones. Se plantea una necesidad clara: conectar producción, distribución y consumo con datos accesibles y confiables.

Se explora cómo tecnologías como blockchain, la digitalización del agro y los nuevos estándares globales pueden transformar la forma en que se rastrean los productos. El enfoque es práctico: identificar limitantes actuales y visualizar un sistema donde cada actor aporte información sin comprometer la integridad de los datos.

Se parte de una realidad evidente: hoy en día resulta prácticamente imposible conocer con certeza el recorrido completo de un alimento fresco. Al tener un producto en la cocina, lo máximo que se puede hacer es suponer su origen, pero no existe una forma sencilla de reconstruir toda su historia. Esto revela una brecha importante entre lo que se consume y lo que realmente se conoce.

La trazabilidad existe, pero está fragmentada. El ejemplo más claro es el código de barras, que permite cierto seguimiento dentro de la cadena de distribución. Sin embargo, esta información no está pensada para el consumidor final. No hay herramientas accesibles que permitan interpretar esos datos desde casa, lo que limita su utilidad práctica.

Aquí aparece una necesidad creciente: los consumidores quieren saber más. No solo el país de origen, sino detalles como prácticas agrícolas, insumos utilizados, impacto ambiental o número de intermediarios. Esta demanda ya se observa en mercados más desarrollados y, con el tiempo, tenderá a expandirse.

Se plantea entonces un escenario ideal: productos frescos con códigos escaneables que revelen información completa. Al leer un código con el celular, sería posible conocer desde el lugar de producción hasta los insumos utilizados, pasando por la logística y distribución. Este nivel de detalle permitiría decisiones de compra más informadas y, eventualmente, modificar hábitos de consumo.

Sin embargo, este escenario todavía está lejos de ser una realidad. El principal reto es la complejidad del sistema necesario para hacerlo posible. No se trata solo de registrar información, sino de integrar múltiples capas de datos generadas por distintos actores a lo largo de la cadena agroalimentaria.

Cada participante, desde el productor hasta el minorista, tendría que aportar información. Pero además, esa información debe ser acumulativa, no reemplazable. Es decir, se necesita un sistema donde los datos se agreguen sin riesgo de alteración o eliminación de lo previamente registrado. Aquí radica uno de los mayores desafíos técnicos.

Además, el sistema tendría que ser adoptado globalmente. No serviría de mucho que solo algunos países lo implementen. Para lograr una trazabilidad completa, es necesario un consenso internacional. De lo contrario, surgirían sistemas paralelos incompatibles entre sí, lo que fragmentaría nuevamente la información.

En este contexto, surge una tecnología con potencial: blockchain. Se presenta como una alternativa viable por su naturaleza descentralizada y su capacidad para registrar información de forma segura e inmutable. No pertenece a una entidad específica, lo que facilita su adopción como estándar.

La blockchain funciona como un libro de registros distribuido. Cada vez que se añade información, esta queda registrada de forma permanente. No puede ser modificada posteriormente, lo que garantiza la integridad de los datos. Esto resulta especialmente útil en un sistema donde múltiples actores participan y se requiere confianza entre ellos.

Otro punto a favor es su robustez. Actualmente, esta tecnología soporta millones de transacciones diarias en el ámbito de las criptomonedas. Esto sugiere que también podría manejar el volumen de información generado en el sector agroalimentario a nivel global.

Sin embargo, no todo son ventajas. Existen limitaciones importantes que deben considerarse. La primera es el alto consumo energético. Las operaciones en blockchain requieren una gran cantidad de recursos computacionales, lo que se traduce en un impacto energético significativo. Este es un problema aún no resuelto.

La segunda limitación es la necesidad de conocimiento especializado. Implementar un sistema de este tipo no es trivial. Se requiere la participación de expertos en tecnología, lo que implica abrir el sector agrícola a perfiles ajenos. Esto representa un cambio cultural importante.

También existe una barrera menos técnica pero igual de relevante: la resistencia a la transparencia. Un sistema que permita rastrear completamente los productos también expondría prácticas comerciales que hoy permanecen ocultas. Esto podría generar resistencia por parte de ciertos actores.

Se menciona un ejemplo claro en el comercio internacional. Las cifras de importación y exportación no siempre coinciden entre países. Esto se debe, en parte, a estrategias comerciales que aprovechan tratados o intermediaciones para modificar el origen aparente de los productos. Un sistema completamente transparente pondría en evidencia estas prácticas.

Por lo tanto, la implementación de un sistema de trazabilidad total no depende únicamente de la tecnología. También requiere voluntad política, acuerdos internacionales y un cambio en la forma en que se concibe la información dentro del sector.

A pesar de los retos, la dirección es clara. La demanda por mayor información seguirá creciendo. Eventualmente, esto impulsará el desarrollo y adopción de sistemas más avanzados. La cuestión no es si ocurrirá, sino cuándo y bajo qué condiciones.

Se reconoce que no será un proceso inmediato. La complejidad técnica, los intereses comerciales y la falta de consenso global son obstáculos reales. Sin embargo, también se entiende que la presión del mercado puede acelerar este cambio.

En este contexto, la trazabilidad deja de ser un concepto técnico y se convierte en un elemento estratégico. No solo mejora la confianza del consumidor, sino que también puede optimizar procesos, reducir riesgos y aumentar la competitividad.

El punto clave es que la información ya no es opcional. En un entorno cada vez más exigente, quienes puedan ofrecer mayor transparencia tendrán una ventaja clara. Esto implica invertir en tecnología, pero también en cultura organizacional.

Finalmente, se plantea una reflexión: el sector agrícola está en una etapa de transición. La digitalización no solo afecta la producción, sino también la forma en que se conecta con el mercado. La trazabilidad es una pieza central en este proceso.

Lo que hoy parece complejo o incluso utópico, probablemente será estándar en el futuro. Y quienes se anticipen a este cambio estarán mejor posicionados para adaptarse a un entorno donde la información será tan importante como el producto mismo.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl y ayudo a ingenieros agrónomos con 3-7 años de experiencia, que sienten que ya saben mucho técnicamente pero que no los reconocen ni les dan más responsabilidades. Los ayudo a comunicar mejor su valor, ganar visibilidad dentro de su organización y dar el salto a puestos de decisión. El agro avanza cuando su gente también avanza.