Episodio 330: Seguimiento de innovaciones en postcosecha de berries con Paula del Valle

Seguimiento de innovaciones en postcosecha de berries con Paula del Valle

La conversación explora cómo la innovación en poscosecha está redefiniendo la calidad de las berries, con foco en soluciones reales aplicadas en campo. Paula del Valle comparte su experiencia liderando My Blue Project, un espacio donde convergen tecnologías, validaciones y aprendizajes para mejorar resultados productivos.

Se abordan decisiones críticas sobre tecnología, validación y mercado, mostrando cómo cada avance impacta directamente en la vida útil y competitividad del producto. Desde la visión de Paula del Valle, el desarrollo de My Blue Project evidencia la importancia de conectar innovación con necesidades concretas de la industria.

La trayectoria de Paula está marcada por una búsqueda constante de conocimiento aplicado. Su formación en agronomía, seguida de especializaciones en fisiología y poscosecha, la llevó a comprender que los problemas no terminan en el campo, sino que se intensifican después de la cosecha. Ese punto define gran parte de su enfoque actual: intervenir donde la fruta enfrenta sus mayores desafíos.

El interés por la poscosecha surge al enfrentarse directamente con las fallas del sistema. Trabajar en plantas frutícolas permitió identificar que pequeños errores en procesos generan impactos acumulativos en la calidad final. Con el tiempo, esta observación se volvió central: la fruta no falla sola, falla el sistema que la maneja.

Al integrarse a la industria de berries, el nivel de exigencia aumentó. Se trata de productos altamente perecibles, donde cualquier desviación en temperatura, manejo o empaque se traduce en pérdidas inmediatas. Aquí se vuelve evidente que los berries amplifican los errores de la cadena productiva, obligando a una gestión mucho más precisa.

El paso hacia la independencia no responde a una ruptura, sino a una necesidad. Surge la inquietud de ordenar y filtrar la gran cantidad de innovaciones tecnológicas disponibles. Muchas soluciones existen, pero carecen de validación o visibilidad. Así nace My Blue Project, con la intención de convertirse en un espacio donde la información no solo se concentre, sino que tenga sentido práctico.

El proyecto evoluciona desde un enfoque limitado a arándanos hacia una visión multiespecie. Esta transformación responde a una realidad evidente: las soluciones no son exclusivas de un cultivo. La tecnología puede adaptarse, escalar y transferirse si se comprende correctamente su funcionamiento.

Uno de los ejes más importantes del trabajo de Paula es la validación. No basta con que una tecnología prometa resultados; es necesario comprobarlos en condiciones reales. Este proceso implica analizar datos, diseñar pruebas comparativas y entender el contexto específico de cada aplicación. La validación se convierte así en un filtro crítico para evitar decisiones basadas en percepciones.

En este sentido, se enfatiza la importancia de la objetividad. Muchas evaluaciones comerciales presentan resultados sesgados, lo que dificulta confiar en las soluciones. Por eso, el rol de un evaluador independiente adquiere valor: permite generar confianza en los resultados y facilitar la adopción tecnológica.

Las innovaciones en poscosecha abarcan múltiples áreas. En empaques, por ejemplo, las bolsas continúan evolucionando cada temporada, ajustando materiales y estructuras para mejorar la conservación. En paralelo, las aplicaciones de gases, como mezclas basadas en ozono, buscan controlar microorganismos y prolongar la vida útil.

Otro campo relevante es el de las atmósferas controladas y modificadas. Estas tecnologías permiten ajustar las condiciones internas durante el transporte, reduciendo el deterioro. A esto se suman soluciones más avanzadas, como sistemas de vacío que han demostrado extender significativamente la conservación de la fruta.

También destacan las coberturas y recubrimientos. Estas soluciones, muchas de origen vegetal, actúan como barreras que reducen la pérdida de agua y retrasan procesos de degradación. En frutas como el arándano, estas aplicaciones pueden marcar diferencias importantes en la calidad final.

En paralelo, el desarrollo de software y herramientas digitales comienza a tomar protagonismo. La gestión de datos permite tomar decisiones más precisas, anticipar problemas y optimizar procesos. Aquí se reconoce que el futuro de la poscosecha no depende solo de tecnologías físicas, sino también de la gestión inteligente de la información.

La pandemia refuerza esta necesidad. Los problemas logísticos evidencian la importancia de contar con datos confiables y accesibles en tiempo real. La capacidad de reaccionar ante cambios se vuelve un factor competitivo clave.

Sin embargo, no todo está resuelto. Existe un área crítica que requiere mayor atención: el uso de plásticos. Los envases actuales generan un impacto ambiental significativo, y aunque se han hecho avances en reducción de materiales, aún falta desarrollar soluciones verdaderamente sostenibles. La biodegradabilidad aparece como un desafío pendiente para toda la industria.

En términos geográficos, la innovación no se distribuye de manera uniforme. Mientras algunos países reducen su inversión, otros avanzan con mayor rapidez. México, en particular, muestra un crecimiento importante en los últimos años. La consolidación de grandes productores facilita la adopción tecnológica, reduciendo la fragmentación del sector.

A pesar de su cercanía con el mercado estadounidense, México enfrenta retos en calidad poscosecha. La oportunidad está clara: mejorar procesos para aprovechar el potencial de su fruta. Con mejores prácticas, el país puede elevar significativamente su competitividad.

El mercado también influye en las decisiones tecnológicas. No es lo mismo producir para consumo cercano que para exportaciones de larga distancia. Cada destino exige condiciones específicas, lo que obliga a adaptar las estrategias de poscosecha.

Otro punto relevante es la evolución del consumo. En mercados como Brasil, el crecimiento de berries depende no solo de la producción, sino de la educación del consumidor. En el caso del arándano, su adopción no es inmediata, lo que requiere estrategias enfocadas en sus beneficios.

El modelo de trabajo de Paula se basa en la colaboración. A través de redes con productores, empresas y centros de investigación, se generan espacios para probar nuevas soluciones. Esta interacción permite acelerar el aprendizaje y reducir riesgos en la implementación.

El proceso inicia con un análisis profundo de la tecnología. Se revisa su desarrollo, sus pruebas previas y su potencial. Luego se diseñan estrategias para validarla en condiciones reales, ajustando variables según el contexto productivo.

Este enfoque permite no solo evaluar resultados, sino también mejorar las tecnologías. Muchas soluciones evolucionan a partir de estas pruebas, adaptándose a las necesidades específicas de la industria.

El objetivo a largo plazo es claro: consolidar un ecosistema donde la innovación sea accesible, validada y compartida. My Blue Project busca convertirse en un referente global, conectando actores y facilitando el intercambio de conocimiento.

En este camino, la mejora continua es fundamental. La industria cambia constantemente, y cada temporada presenta nuevos desafíos. Mantenerse actualizado no es una opción, sino una necesidad para seguir siendo competitivo.

La visión final apunta a integrar tecnología, conocimiento y colaboración. La poscosecha deja de ser una etapa final para convertirse en un espacio estratégico, donde se define gran parte del valor del producto.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.