Episodio 396: La situación de la agricultura protegida de alta tecnología en México con Homero Ontiveros

La situación de la agricultura protegida de alta tecnología en México

La agricultura protegida, la alta tecnología, y la presión por producir más con menos están redefiniendo el campo. En esta conversación con Homero Ontiveros, se aterrizan los cambios reales que vive el sector, sin teoría innecesaria. El enfoque es claro: entender qué está funcionando hoy.

El crecimiento no se detuvo, pero cambió de dirección. La productividad, la automatización y el uso de datos se vuelven centrales. GreenTech Americas aparece como punto de encuentro donde se conecta tecnología con decisiones reales. Aquí se explica por qué el futuro ya empezó.

La agricultura protegida de alta tecnología en México atraviesa una etapa de ajuste. No es un retroceso, sino un cambio en la lógica de crecimiento. Durante años, la expansión se basó en aumentar hectáreas para producir más. Hoy se empieza a consolidar otra visión: producir mejor con lo que ya existe. Este cambio responde a presiones claras del entorno productivo.

México se posiciona como referente en Latinoamérica. Con alrededor de 2000 a 2200 hectáreas de alta tecnología dentro de un universo mucho mayor, el país ha logrado desarrollar infraestructura comparable con la de potencias como Estados Unidos y Canadá. La concentración geográfica responde a condiciones climáticas que exigen mayor control, especialmente en zonas del Bajío o regiones con riesgo de heladas.

El desarrollo no solo proviene del extranjero. Empresas mexicanas han alcanzado niveles competitivos en construcción de invernaderos, lo que marca una evolución importante del sector. Esto permite reducir dependencia tecnológica y adaptar soluciones a condiciones locales.

Sin embargo, el crecimiento acelerado de años anteriores se desaceleró. No se detuvo, pero dejó de expandirse al mismo ritmo. La razón principal es que los productores comienzan a cuestionar la eficiencia de invertir únicamente en superficie. Surge entonces un enfoque distinto: integrar tecnología para mejorar rendimiento sin necesidad de expandirse físicamente.

Este cambio está impulsado por factores críticos. El primero es la mano de obra, que se ha convertido en el principal problema estructural. No solo es difícil encontrar trabajadores, sino también retenerlos. La competencia con otras industrias, como la manufactura, hace que trabajar en invernaderos resulte menos atractivo.

Ante esta situación, la automatización deja de ser opcional. Los productores buscan soluciones que reduzcan dependencia de personal y aumenten eficiencia operativa. Esto incluye sistemas de monitoreo, agricultura digital y recopilación de datos para tomar decisiones más precisas.

Otro reto relevante es el agua. Aunque muchos productores aún no enfrentan escasez directa, existe una falta de previsión. La adopción de prácticas como la recirculación de agua avanza, pero no al ritmo necesario. La lógica dominante sigue siendo reactiva: se actúa cuando el problema ya es evidente.

A esto se suma la necesidad urgente de capacitación. La incorporación de tecnología requiere personal especializado, y ese perfil escasea. No basta con adquirir herramientas avanzadas; se necesita gente que sepa implementarlas y operarlas correctamente. Cuando una tecnología falla, muchas veces el problema no es la herramienta, sino su uso.

Existen esfuerzos importantes en formación, como modelos educativos que combinan teoría con práctica dentro de invernaderos. Estos esquemas permiten que los estudiantes egresen con experiencia real y alta empleabilidad. Sin embargo, todavía son insuficientes frente a la demanda del sector.

En el contexto internacional, México mantiene una posición estratégica. Su cercanía con Estados Unidos y Canadá, junto con costos de producción más bajos, lo convierten en proveedor clave. La logística permite que productos cosechados lleguen en pocos días a mercados del norte, lo que fortalece su competitividad.

Aun así, surgen nuevas dinámicas. En Estados Unidos crece la producción local en invernaderos, motivada por reducción de costos logísticos, menor huella de carbono y mayor control de suministro. Esto no elimina la ventaja mexicana, pero sí introduce competencia en ciertos segmentos.

En Sudamérica, la adopción de alta tecnología avanza más lentamente. Sin embargo, existe una oportunidad clara para empresas mexicanas que pueden exportar conocimiento y soluciones. La clave está en entender que no siempre se requiere la máxima tecnología, sino la adecuada. Este enfoque, conocido como “RightTech”, prioriza la adaptación a condiciones específicas de clima y mercado.

El concepto es simple: no se trata de replicar modelos, sino de implementar lo necesario. En regiones tropicales, por ejemplo, no tiene sentido invertir en calefacción, pero sí en ventilación, control de plagas o sistemas de riego eficientes. La tecnología debe responder al contexto.

En este escenario, GreenTech Americas se consolida como un espacio clave para el sector. Su origen está vinculado a eventos europeos, pero su adaptación a México responde al crecimiento de la agricultura protegida en la región. El evento se caracteriza por su enfoque especializado, dirigido exclusivamente a este tipo de producción.

La evolución del evento ha sido rápida. Desde su primera edición tras la pandemia, ha crecido en tamaño y relevancia, hasta alcanzar niveles de sobreventa. Esto refleja el interés creciente por la tecnología aplicada al campo.

Más allá de la exposición comercial, el valor del evento está en la difusión de conocimiento. Se busca que los productores no solo conozcan nuevas herramientas, sino que entiendan cómo utilizarlas y qué beneficios pueden obtener. La tecnología deja de ser vista como un gasto y se posiciona como inversión.

El futuro del sector está condicionado por tres factores principales: escasez de mano de obra, disponibilidad de agua y necesidad de sostenibilidad. A esto se suma el crecimiento de la población mundial, que exige mayor producción con menos recursos.

Existen señales claras de alerta. En algunas regiones, productores han tenido que detener operaciones por falta de agua o altos costos energéticos. En otros casos, la escasez de trabajadores obliga a priorizar cultivos, dejando parte de la producción sin atender.

Estos escenarios muestran que los problemas no son hipotéticos. Ya están ocurriendo. La diferencia radica en qué tan preparados están los productores para enfrentarlos.

La transición hacia una agricultura más tecnológica no es inmediata, pero es inevitable. La integración de automatización, análisis de datos y eficiencia en el uso de recursos será determinante. No se trata solo de producir más, sino de hacerlo de forma sostenible.

El sector enfrenta un punto de inflexión. La capacidad de adaptación definirá quién logra mantenerse competitivo. La tecnología, la capacitación y la visión a largo plazo serán los pilares sobre los que se construya el siguiente ciclo de crecimiento.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.