Episodio 398: Panorama de la investigación fitosanitaria en berries con Ángel Rebollar

Panorama de la investigación fitosanitaria en berries con Ángel Rebollar

La conversación aborda cómo se construye el conocimiento en un sector donde los problemas aparecen antes que las respuestas. Se expone la evolución de la investigación fitosanitaria, el papel de Ángel Rebollar Albiter y la importancia de traducir ciencia en decisiones prácticas dentro de la industria de berries.

Se profundiza en los retos reales del campo, donde la transferencia de tecnología, la adopción por productores y la dinámica de plagas determinan el éxito. A partir del trabajo de Universidad Autónoma Chapingo y otras instituciones, se entiende cómo se conecta la investigación con la producción agrícola.

Entender el panorama fitosanitario en berries implica reconocer que todo comenzó prácticamente desde cero. Durante los años noventa, el interés por estos cultivos era limitado y la investigación casi inexistente. Al detectar ese vacío, se abrió una línea de trabajo enfocada en problemas que nadie estaba abordando, especialmente en zarzamora y frambuesa, donde el desconocimiento era total.

Desde el inicio, el enfoque fue claro: partir de no saber nada y construir conocimiento útil. Esto implicó identificar patógenos, entender su comportamiento y, sobre todo, traducir esa información en soluciones concretas para campo. Esa conexión entre laboratorio y productor se volvió el eje central del trabajo.

Uno de los primeros grandes retos fue Peronospora sparsa, una enfermedad que causaba pérdidas de hasta 80%. En ese momento no se entendía su dinámica, lo que generaba decisiones incorrectas en manejo. A partir de estudios epidemiológicos, se logró identificar momentos clave de intervención, lo que permitió reducir su impacto de forma significativa.

Con el crecimiento de la industria, los problemas se multiplicaron. Aparecieron nuevas amenazas como Drosophila suzukii, Fusarium oxysporum y posteriormente trips como Scirtothrips dorsalis. Cada uno representó un desafío distinto, obligando a trabajar en paralelo múltiples líneas de investigación.

El caso de Fusarium en zarzamora es especialmente representativo. Se pasó de observar síntomas aislados a enfrentar un problema regional severo. La respuesta fue construir un sistema completo de manejo: identificación del patógeno, estudios de especificidad, evaluación de productos y diseño de estrategias paso a paso. Sin embargo, el mayor obstáculo no fue técnico, sino humano.

El verdadero reto estuvo en la adopción del conocimiento. Aunque existía información sólida, muchos productores y técnicos continuaban tomando decisiones basadas en costumbre o reacción al síntoma. Esto generó frustración, ya que el éxito dependía de aplicar estrategias preventivas basadas en el ciclo del patógeno, no en respuestas tardías.

Se identificó un patrón claro: el cambio ocurre cuando el problema alcanza niveles críticos. Solo entonces se genera apertura para probar nuevas estrategias. En los casos donde se siguieron las recomendaciones de forma disciplinada, fue posible recuperar productividad incluso en parcelas severamente afectadas.

Otro aprendizaje importante fue que la transferencia de tecnología necesita intermediarios. No basta con generar conocimiento; se requiere un eslabón que lo traduzca y acompañe su implementación. En este sentido, los técnicos juegan un papel clave, siempre que comprendan a profundidad los procesos y logren influir en los productores.

En paralelo, la industria también ha cambiado. Inicialmente, la información estaba concentrada en empresas privadas, lo que limitaba su difusión. Con el tiempo, se ha dado una mayor apertura, impulsada tanto por la movilidad de profesionales como por la necesidad compartida de enfrentar problemas fitosanitarios que no respetan fronteras comerciales.

En arándano, los desafíos actuales están dominados por trips y ácaros, además de enfermedades emergentes asociadas a condiciones ambientales. Aquí aparece un elemento clave: el estrés abiótico. Las condiciones climáticas extremas predisponen a las plantas al ataque de patógenos, lo que obliga a integrar fisiología y fitopatología en el manejo.

En fresa, el caso de Neopestalotiopsis mostró nuevamente la importancia de partir desde lo básico. Se identificó el patógeno, se rastreó su origen y se descubrió que provenía de viveros. Este hallazgo cambió completamente la estrategia, trasladando el enfoque desde campo hacia la calidad de planta.

A partir de ahí, se desarrollaron soluciones integrales que incluyeron manejo en vivero, ajustes en campo y evaluación de productos. En pocos años, el impacto de la enfermedad se redujo considerablemente en regiones donde se adoptaron estas prácticas.

Estos ejemplos muestran un patrón constante: cada problema fitosanitario requiere reconstruir el conocimiento desde cero. No hay soluciones universales. Se trata de entender el sistema, identificar puntos críticos y diseñar estrategias adaptadas.

También se evidencia que el conocimiento no es estático. Nuevas plagas y enfermedades seguirán apareciendo, impulsadas por factores como el cambio climático y la intensificación agrícola. Por ello, la investigación debe mantenerse activa y conectada con la realidad del campo.

En este contexto surge la importancia de la formación. El diplomado en berries se creó precisamente para democratizar el conocimiento y formar profesionales capaces de enfrentar estos retos. A lo largo de más de una década, ha contribuido a generar una base técnica más sólida en la industria.

El objetivo no es solo transmitir información, sino formar criterios. Entender cómo funcionan los sistemas productivos permite tomar decisiones más acertadas y adaptarse a nuevas problemáticas. La formación continua se vuelve esencial en un sector en constante cambio.

Otro punto relevante es la necesidad de integrar disciplinas. La fitosanidad no puede abordarse de forma aislada. Se requiere conectar con fisiología, manejo agronómico, clima y hasta aspectos económicos. Solo así es posible diseñar soluciones sostenibles.

A nivel personal, la motivación se mantiene en enfrentar problemas complejos y ver su impacto en campo. La combinación entre academia y práctica permite mantener relevancia y asegurar que el conocimiento generado tenga aplicación real.

Mirando hacia adelante, el panorama indica que los retos continuarán. Enfermedades de raíz, patógenos de madera y nuevas plagas serán cada vez más importantes. La clave estará en anticiparse, entender los sistemas y fortalecer los mecanismos de transferencia de conocimiento.

En síntesis, el desarrollo fitosanitario en berries ha sido un proceso de construcción continua. Desde la ausencia total de información hasta la generación de estrategias efectivas, el avance ha dependido de la capacidad de observar, investigar y, sobre todo, adaptar el conocimiento a la realidad del productor.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.