La conversación muestra cómo Erick Cervantes Díaz ha construido una trayectoria sólida en el manejo del riego en California, combinando campo y tecnología. Se abordan eficiencia hídrica, toma de decisiones basada en datos, y uso de sensores como ejes clave para mejorar la productividad agrícola sin desperdiciar recursos.
A lo largo del análisis se entiende cómo Hortau y el uso de tensiómetros permiten transformar el riego en una práctica precisa. Se destacan optimización del agua, agricultura de precisión y sustentabilidad productiva como pilares que guían decisiones técnicas en cultivos altamente demandantes como el almendro.
La historia de Erick inicia con una fuerte raíz agrícola familiar en México, donde sus abuelos trabajaron tanto en cultivo como en inspección de semillas. Esa conexión temprana no se tradujo en un interés inmediato por el campo, ya que durante su juventud percibía la agricultura como un trabajo físico exigente y poco rentable. Sin embargo, al trasladarse a Estados Unidos, su perspectiva cambió al descubrir que el sector agrícola profesional ofrece condiciones económicas más atractivas y oportunidades de especialización.
Su formación comenzó en Modesto Junior College y posteriormente continuó en Fresno State, donde estudió ciencia de plantas. En ese proceso, hubo un momento clave: considerar trabajar con cannabis debido a su legalización en California. No obstante, decidió enfocarse en cultivos que aportan directamente a la alimentación, lo que redefinió su rumbo hacia la agricultura productiva.
Actualmente trabaja como asesor especializado en riego, cubriendo una amplia zona desde Modesto hasta Chico. Su enfoque principal es ayudar a los agricultores a tomar decisiones informadas sobre cuándo y cuánto regar, utilizando datos obtenidos mediante sensores en campo. Su trabajo no se limita a la observación, sino que implica interpretar información técnica y traducirla en acciones prácticas.
El uso de tensiómetros es central en su metodología. Estos dispositivos permiten medir la tensión del agua en el suelo, es decir, qué tan disponible está para las raíces. A través de una plataforma digital, los datos se analizan en tiempo real, lo que facilita ajustes precisos en el riego. Este enfoque representa un cambio importante respecto a prácticas tradicionales basadas en intuición o calendarios fijos.
La empresa donde trabaja, Hortau, se especializa en esta tecnología y cuenta con más de dos décadas de experiencia, lo que respalda sus recomendaciones con datos históricos. La adopción de estas herramientas no es inmediata para todos los productores, por lo que parte del trabajo consiste en introducir la tecnología, capacitar y acompañar en su implementación.
El contexto hídrico en California es determinante. Entre 2012 y 2017, el estado enfrentó una sequía severa que llevó a la implementación del programa SIGMA, orientado a regular el uso de agua subterránea. Este marco obliga a los agricultores a ser más eficientes y ha impulsado la adopción de tecnologías de monitoreo. Aunque en años recientes ha habido mayor disponibilidad de agua por lluvias y nieve, las regulaciones continúan, especialmente en el sur del estado.
Dentro de los cultivos que asesora, la almendra destaca como el más demandante en agua. También trabaja con cerezas, manzanas, nueces y uvas, aunque estos últimos han perdido relevancia debido a condiciones de mercado. Aproximadamente el 65% de su trabajo está enfocado en almendro, lo que refleja su importancia económica en la región.
El proceso de asesoría inicia con un análisis integral. Primero se evalúa el sistema de riego existente: tipo, presión y caudal. Luego se analiza el suelo mediante herramientas como Google Earth y Soil Web Survey, que permiten identificar características como textura, capacidad de retención y posibles problemas de erosión. Sin embargo, estos datos digitales siempre se validan en campo mediante excavaciones.
Al excavar, se observan factores como tipo de suelo, presencia de raíces y condiciones que puedan afectar las lecturas de los sensores. Este paso es clave para asegurar que los datos sean confiables. La combinación de análisis digital y verificación física permite una comprensión más completa del sistema.
La instalación de sensores se realiza a diferentes profundidades, generalmente a 30, 60 y 90 centímetros. Esto permite monitorear tanto la actividad radicular como el movimiento del agua en el perfil del suelo. La información obtenida ayuda a evitar tanto el déficit como el exceso de riego, este último especialmente crítico por su relación con enfermedades.
En cuanto a sistemas de riego, el goteo es el más eficiente y representa aproximadamente el 60% de los casos. Le siguen los aspersores y, en menor medida, el riego por inundación, que está en proceso de desaparición. El goteo permite concentrar el agua en la zona radicular, lo que mejora la eficiencia y reduce pérdidas.
El manejo del riego en almendro sigue un patrón estacional claro. En primavera, durante brotación y floración, se requiere un suministro adecuado para asegurar el desarrollo inicial. En esta etapa, el estrés hídrico puede afectar la formación de frutos.
Durante el verano, especialmente entre mayo y julio, la demanda de agua aumenta significativamente. Es el periodo de mayor crecimiento del fruto, por lo que mantener el suelo hidratado es fundamental. Las altas temperaturas incrementan la evapotranspiración, lo que obliga a ajustar la frecuencia y volumen de riego.
En agosto, cuando inicia la maduración, se reduce el riego para favorecer el secado del fruto y facilitar la cosecha. Sin embargo, esta reducción debe ser controlada para evitar daños al árbol. Tras la cosecha, se reanuda el riego para ayudar a la recuperación y preparación del siguiente ciclo.
Un aspecto relevante es la integración del riego con otros factores agronómicos. Por ejemplo, problemas de enfermedades pueden estar relacionados con un manejo inadecuado del agua. Esto refuerza la idea de que el riego no es una práctica aislada, sino parte de un sistema más amplio.
La profesionalización del asesor agrícola en California está fuertemente ligada a certificaciones. Erick cuenta con tres licencias: CCA (asesor de cultivos), PCA (control de plagas) y CASE (especialista en riego). Estas certificaciones requieren exámenes, inversión económica y renovación periódica, pero son esenciales para ofrecer recomendaciones técnicas de manera formal.
Estas credenciales no solo validan conocimientos, sino que también abren oportunidades laborales y permiten ofrecer servicios especializados. En un entorno regulado y competitivo, contar con estas certificaciones marca una diferencia significativa.
En conjunto, la experiencia muestra cómo la agricultura moderna depende cada vez más de la integración entre conocimiento técnico, tecnología y análisis de datos. El riego, lejos de ser una tarea rutinaria, se convierte en una decisión estratégica que impacta directamente en la productividad y sostenibilidad.


