El riego de precisión se ha convertido en una de las herramientas más relevantes para producir más alimentos utilizando menos recursos. En esta conversación, Héctor Kelly Cervantes de Netafim México explica cómo tecnología agrícola, manejo eficiente del agua y decisiones basadas en datos están cambiando la forma en que se riegan los cultivos.
Desde el origen del riego por goteo en Israel hasta la evolución hacia agricultura digital, Héctor Kelly Cervantes comparte ejemplos claros sobre cómo sensores, monitoreo y análisis permiten mejorar rendimientos, reducir costos y cuidar el agua. La conversación revela cómo Netafim impulsa la transición hacia sistemas agrícolas más eficientes.
El riego de precisión se entiende como un conjunto de tecnologías diseñadas para aplicar agua y nutrientes exactamente cuando la planta los necesita. No se trata de una sola herramienta, sino de una estrategia completa de manejo que combina monitoreo, análisis y control para optimizar el uso de recursos en el campo.
La lógica es simple. Si el agricultor riega en el momento adecuado y con la cantidad correcta de agua, la planta crece mejor, el cultivo alcanza una calidad superior y el productor puede obtener mayores ingresos. Al mismo tiempo se reducen gastos importantes, especialmente en energía, fertilizantes y agua. Por eso el concepto no sólo se relaciona con tecnología, sino también con rentabilidad agrícola.
Uno de los puntos centrales es entender que el agua nunca viaja sola. Cuando se desperdicia agua, también se pierden fertilizantes y dinero. Esa mezcla que se infiltra fuera del sistema radicular representa recursos que el productor ya pagó y que el cultivo nunca aprovechó. En ese sentido, el riego de precisión busca eliminar ese desperdicio.
La comparación más clara aparece cuando se analiza el riego tradicional. Durante décadas muchos agricultores han regado siguiendo costumbres heredadas: encender el sistema a cierta hora del día o mantener el riego durante un número fijo de horas. Ese manejo empírico funciona en algunos casos, pero no considera realmente las necesidades fisiológicas del cultivo.
El riego de precisión intenta justamente lo contrario: comprender cómo se comporta la planta. Implica observar su desarrollo, entender cuándo comienza su actividad diaria y suministrar agua y nutrientes en ese momento exacto. Es una forma de acercarse más al comportamiento del cultivo y adaptar el manejo a sus requerimientos.
El origen de este enfoque se remonta a Israel, donde la escasez de agua obligó a buscar soluciones innovadoras. Allí, Simcha Blass desarrolló el primer sistema moderno de goteo al observar que una fuga en una tubería permitía que un árbol creciera mejor que los demás. A partir de ese principio surgió la idea de liberar pequeñas cantidades de agua directamente en la zona radicular.
Ese descubrimiento llevó posteriormente a la creación de Netafim, empresa que impulsó la expansión global del riego por goteo. El objetivo desde entonces ha sido ayudar a los agricultores a producir más utilizando menos recursos.
La escasez hídrica en Israel explica por qué esta tecnología tuvo tanto éxito en ese país. Sin embargo, la necesidad de aplicarla no se limita a regiones áridas. Incluso en zonas donde aparentemente hay suficiente agua, el uso eficiente sigue siendo fundamental.
Muchos productores consideran que el agua no es un problema mientras exista disponibilidad en ríos, presas o canales. Sin embargo, el enfoque del riego de precisión propone mirar más allá del presente. El agua debe administrarse pensando en el futuro, en los recursos que quedarán para las siguientes generaciones.
Además, el ahorro no sólo beneficia al medio ambiente. También impacta directamente en la economía del productor. Cuando se reduce el desperdicio de agua, también disminuyen los costos asociados al bombeo y al uso de fertilizantes.
Un manejo inadecuado del riego puede generar otros problemas menos visibles. Cuando se aplican fertilizantes en exceso y el agua los arrastra fuera del suelo cultivado, estos nutrientes pueden contaminar mantos freáticos o provocar acumulación de sales en el suelo. Ese deterioro ocurre lentamente y muchas veces pasa desapercibido hasta que los rendimientos comienzan a disminuir.
Por esa razón el riego de precisión no se limita a instalar mangueras con goteros. El verdadero cambio ocurre cuando el agricultor comienza a medir lo que sucede en el campo.
Existen diversas herramientas para lograrlo. Una de ellas es el monitoreo de radiación solar. A medida que aumenta la radiación durante el día, también se incrementa la demanda de agua de la planta. Este tipo de medición permite ajustar los riegos según la intensidad de la energía solar.
Otra tecnología común son los sensores de humedad del suelo. Estos dispositivos permiten conocer con precisión el nivel de agua disponible para la planta. Cuando la humedad desciende por debajo de cierto umbral, el sistema indica que es momento de regar.
También se utilizan bandejas de drenaje, especialmente en sistemas hidropónicos. Estas bandejas permiten medir cuánta solución nutritiva sale del sistema después del riego y ajustar el manejo para evitar pérdidas.
El objetivo de todas estas herramientas es generar información. Cuanta más información tenga el agricultor sobre el comportamiento del cultivo, más cerca estará de tomar decisiones correctas.
Un ejemplo práctico ilustra esta idea. Algunos productores comienzan a regar muy temprano en la mañana, incluso antes de que la planta inicie su actividad fisiológica. En ese escenario, el agua y los nutrientes permanecen en el suelo sin ser utilizados durante horas.
Si la planta comienza realmente a absorber agua más tarde, ese primer riego representa un gasto innecesario. Con sensores adecuados es posible identificar el momento exacto en que el cultivo inicia su actividad y ajustar el riego para evitar ese desperdicio.
Otro problema frecuente aparece cuando los sistemas de goteo dejan de funcionar correctamente. Muchos agricultores detectan goteros tapados y optan por volver al riego rodado para solucionar el problema temporalmente.
Sin embargo, en muchos casos el origen del problema se encuentra antes del sistema de riego. La filtración del agua es uno de los puntos críticos. Si el agua contiene partículas o sedimentos y no se filtra adecuadamente, esos residuos terminan obstruyendo los goteros.
Por ello es importante revisar todo el sistema desde su origen: la fuente de agua, la filtración, la presión y el diseño hidráulico. Cada uno de estos elementos influye en el desempeño final del riego.
Cuando el sistema está bien diseñado y monitoreado, los beneficios pueden ir más allá del ahorro económico. Los cultivos suelen alcanzar mayor calidad, lo que permite acceder a mercados más exigentes o incluso a exportaciones.
Los productores que adoptan estas prácticas también se posicionan como referentes tecnológicos dentro de su región. Su experiencia puede servir de guía para otros agricultores que buscan mejorar su productividad.
Mirando hacia el futuro, el desarrollo del riego de precisión se orienta cada vez más hacia la agricultura digital. Este enfoque combina sensores, plataformas de monitoreo y sistemas automatizados de control.
Dentro de este modelo existen tres componentes clave. El primero es el monitoreo, que recopila información del campo en tiempo real. El segundo es el control, que permite ajustar automáticamente válvulas, bombas y programas de riego. El tercero es la dosificación, que administra con precisión los fertilizantes y nutrientes.
Cuando estos tres elementos funcionan de manera integrada, el agricultor puede tomar decisiones más rápidas y basadas en datos reales. Esa rapidez es fundamental, porque muchas decisiones agronómicas pierden valor si se toman demasiado tarde.
Otro aspecto relevante es el acompañamiento técnico. La adopción de nuevas tecnologías suele ser más sencilla cuando existe asesoría constante. El seguimiento cercano permite ajustar el manejo del sistema y resolver problemas antes de que se vuelvan graves.
Este acompañamiento también facilita la adopción gradual de innovación. No todos los productores necesitan implementar todas las herramientas al mismo tiempo. En muchos casos basta con comenzar con una sola tecnología, como un sensor de humedad, para dar el primer paso hacia el riego de precisión.
A partir de ese punto es posible avanzar hacia sistemas más completos que integren monitoreo, automatización y análisis de datos.
En el fondo, la transformación hacia este tipo de agricultura depende de un cambio de mentalidad. El productor deja de basarse únicamente en la experiencia acumulada y comienza a complementar ese conocimiento con información generada por sensores y sistemas digitales.
La agricultura del futuro requerirá producir más alimentos para una población creciente, pero utilizando menos recursos. Por ello el uso eficiente del agua y de los nutrientes se convertirá en un elemento central de la producción agrícola.
El riego de precisión representa una de las herramientas más importantes para lograrlo. No sólo permite mejorar rendimientos, sino también proteger el suelo, conservar el agua y construir sistemas agrícolas más sostenibles para las próximas generaciones.

