Episodio 361: El campo mexicano en el contexto de la agricultura de subsistencia con Aurelio Bastida

El campo mexicano en el contexto de la agricultura de subsistencia con Aurelio Bastida
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La conversación aborda una realidad poco visible: agricultura de subsistencia, campo mexicano, desigualdad estructural y futuro alimentario. A partir del diálogo con Aurelio Bastida, se expone por qué este sector sigue siendo clave para la sostenibilidad, pese a su abandono histórico y su limitada integración en modelos productivos modernos.

Se examinan las tensiones entre tecnificación agrícola, autosuficiencia alimentaria, organización comunitaria y políticas públicas. Aurelio Bastida plantea que ignorar este tipo de agricultura compromete no solo la producción de alimentos, sino también la estabilidad ambiental y social en amplias regiones rurales del país.

La agricultura de subsistencia ocupa un lugar central en el funcionamiento del campo, aunque rara vez se reconoce como tal. No se trata únicamente de producir alimentos para sobrevivir, sino de sostener una serie de funciones que resultan críticas para el planeta: conservación de bosques, captación de agua, protección de biodiversidad y captura de carbono. Desde esta perspectiva, queda claro que su valor trasciende lo económico.

Al analizar los objetivos globales vinculados al desarrollo sostenible, se observa que una parte importante de ellos se relaciona directamente con este tipo de agricultura. Temas como la reducción de la pobreza, el combate al hambre, el acceso al agua, la sostenibilidad ambiental y la disminución de desigualdades encuentran en este sector un punto de acción evidente. Sin embargo, en la práctica, las políticas agrícolas suelen priorizar esquemas productivos orientados al mercado.

Uno de los problemas principales es que el modelo agrícola dominante está enfocado en la generación de ingresos y no en la producción de alimentos como prioridad. Esto deja fuera a quienes producen principalmente para el autoconsumo. En ese sentido, la agricultura de subsistencia no encaja fácilmente en los objetivos tradicionales de desarrollo agroindustrial, exportación o generación de divisas.

Aun así, sí tiene un lugar claro dentro de los objetivos nacionales: garantizar alimentos suficientes y accesibles para la población. Aquí es donde se vuelve evidente su relevancia, ya que millones de productores dependen de ella para alimentar a sus familias. El reto consiste en reconocer este papel y fortalecerlo sin forzarlo a adoptar modelos que no corresponden a su realidad.

En términos estructurales, el campo mexicano muestra una fuerte división. Por un lado, existe una agricultura empresarial altamente tecnificada, orientada a mercados nacionales e internacionales. Por otro, una agricultura de subsistencia que opera con recursos limitados y en condiciones adversas. Entre ambos extremos, hay un sector intermedio que transita entre ambos modelos, pero sin consolidarse plenamente.

Los datos reflejan la magnitud del desafío. Una gran proporción de unidades de producción rural se encuentra en condiciones de subsistencia o incluso de infrasubsistencia, lo que significa que no logran producir lo suficiente para cubrir las necesidades básicas durante todo el año. Esto implica que millones de personas viven en condiciones de alta vulnerabilidad.

El problema no es reciente. Desde hace décadas, la situación se mantiene prácticamente sin cambios significativos. Aunque han variado las clasificaciones y los enfoques, la realidad es que este sector sigue siendo mayoritario y continúa enfrentando limitaciones estructurales. Esto confirma que las estrategias implementadas no han logrado transformar de fondo la situación.

Frente a este panorama, se plantea la necesidad de desarrollar tecnologías adecuadas para pequeños productores. No se trata de replicar modelos de alta tecnología, sino de diseñar soluciones compatibles con sus condiciones: superficies reducidas, acceso limitado a recursos y contextos ambientales complejos. Estas tecnologías deben ser accesibles, adaptables y pertinentes.

Además, deben respetar los saberes tradicionales y las prácticas culturales. El conocimiento acumulado por generaciones representa una base importante sobre la cual construir mejoras productivas. Ignorar este componente no solo limita la adopción de innovaciones, sino que puede generar rechazo o fracaso en su implementación.

Otro aspecto clave es la generación de empleo dentro de las comunidades. La migración constante hacia ciudades o al extranjero responde, en gran medida, a la falta de oportunidades en el medio rural. Por ello, cualquier estrategia de desarrollo debe considerar mecanismos que permitan retener talento local y ofrecer alternativas económicas viables.

La organización comunitaria aparece como un elemento determinante. No basta con introducir tecnología o capacitación de manera aislada. Es necesario construir procesos colectivos donde las decisiones se tomen de forma participativa y se mantenga un compromiso común. Las experiencias exitosas muestran que este tipo de organización requiere tiempo, reglas claras y acuerdos sólidos.

En este sentido, las comunidades que han logrado avanzar comparten ciertas características. Existe un consenso sobre la importancia de trabajar juntos, se respetan las decisiones colectivas y se cuenta con reglamentos internos que regulan la convivencia y las responsabilidades. Este nivel de organización permite desarrollar proyectos productivos más complejos y sostenibles.

El papel del Estado y de las instituciones de investigación es fundamental. A diferencia del sector empresarial, donde la inversión privada impulsa el desarrollo tecnológico, en la agricultura de subsistencia no existe ese incentivo económico. Por ello, corresponde al sector público generar investigación aplicada, formar técnicos y diseñar programas de apoyo adecuados.

También se requiere mejorar el acceso a información de mercado y reducir la dependencia de intermediarios. Muchos productores reciben precios bajos por sus productos, mientras que el consumidor final paga cantidades mucho mayores. Acortar esta cadena puede mejorar significativamente los ingresos en las comunidades rurales.

Un enfoque relevante es combinar autoconsumo con producción comercial a pequeña escala. Esto permite garantizar la seguridad alimentaria de la familia mientras se generan ingresos adicionales. A nivel comunitario, la diversificación productiva puede facilitar el intercambio y reducir la dependencia externa.

Finalmente, el desarrollo debe partir desde las propias comunidades. Las soluciones impuestas desde fuera suelen fallar porque no consideran las necesidades reales ni las condiciones específicas del entorno. En cambio, cuando los proyectos se construyen desde adentro, con apoyo externo como acompañamiento, las probabilidades de éxito aumentan.

La clave no está en cerrar la brecha copiando el modelo empresarial, sino en fortalecer las capacidades propias de la agricultura de subsistencia. Esto implica reconocer su valor, invertir en su desarrollo y construir procesos integrales que combinen producción, organización y bienestar social.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl y ayudo a ingenieros agrónomos con 3-7 años de experiencia, que sienten que ya saben mucho técnicamente pero que no los reconocen ni les dan más responsabilidades. Los ayudo a comunicar mejor su valor, ganar visibilidad dentro de su organización y dar el salto a puestos de decisión. El agro avanza cuando su gente también avanza.